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martes, 25 de diciembre de 2018

Pasaremos las fiestas

Pasaremos las fiestas aquí, atrincherados, agazapados, a la espera de los momentos reales, no los prefabricados que pareciera que nos obliga a vivir todos juntos y en armonía. Lo simulado me genera una especie de rebeldía innata que me sulfura y me hace hacer todo lo contrario. Espero con ansias cuando entramos en los veinti de diciembre que aparezcamos en el bendito 7 de enero y las cabezas asomen a la realidad de cada cual. Ese mundo del que elegimos rodearnos durante el año y que nos limita o posibilita el desarrollo de nuestro potencial. Estas fechas están hechas para aglutinar, fomentar el regalismo descarado, la cara de todo bien con el familiar que inoportuna con cada sugerencia, y el complemento calórico que atormente en sueños y nos haga sentir bien terrenos. Un bofe, seamos serios.

Si tenés más de 30 años y estás medianamente satisfecho con tu vida, habrás encontrado ese momento o situación que recreás porque te lleva a suspender las presiones y salirte un poco de la matrix en la que hayas elegido vivir. Ese instante elegido es el que no se acerca ni por asomo a lo que debemos o creemos que debemos hacer en las fiestas. Brindo por tener más momentos de esos inspiradores, reuniones con gente que no provoque desconfianza sino un sonrisa enorme y no impostada, una explosión de risa genuina que te hace doler la panza después, de chicos que con sinceridad descarada te enfrenten a tu fantasma más radical y que no te permite ver que mientras estés prestando atención a la marca de la botella que tenés en la mano, o de la prenda de vestir que querés lucir, junto a tu auto, tus logros, tu pareja quizás también, la vida se te consume al lado junto a la cerilla que se apaga lentamente, como el sabor amargo que deja vivir una vida ajena.

Feliz es una palabra tan sobredimensionada en el modernismo imperante que asusta la sola idea de alcanzar dicha meta. Porque pareciera ser que es la línea de llegada. Y la na(ti)vidad es la de salida. Nace el dios Sol ante los ojos de su familia conversa. Conversa la Luna con las Estrellas y de la imaginación del Humano ante la cosmogonía reinante se creó la religión. Que gobierna porque respeta el orden natural y lo adapta a lo social. Socialmente nace Jesús. Socialmente el judeocristianismo nos jodió el cerebro. Socialmente es que se solicita a los señores humanos que corran a comprar o en su defecto a dársela contra un muro de otros humanos que te impedirán el paso por un nuevo concepto de fronteras. Política que arruina los brotes de personas que quieren y fomentan el cambio social con fines evolutivos.

Nada se da como se piensa. Y nos vamos adaptando todos a lo que nace hacer. Cuando despertás, y te das cuenta que no es así como querés estar y tenés la fuerza para encarar cómo sí. Que renazcas con esa pulenta. Nosotros, pasaremos las fiestas. Salú.

martes, 6 de noviembre de 2018

Vuelta al mundo

12-10-2018

Un hombre se arregla las uñas en el banco de la puerta de casa. Son las 8.30 de la mañana. Ya está claro del todo.

La sensación de fragilidad, como cuando escribís algo y se pierde en el éter sin previo aviso, de vulnerabilidad, endeble, blando, como un papelito, es lo que me invade al pensar en la inminente llegada de mi hija Maia. Gonzalo pide atención. Yo pido acción física y psíquica y Marisel liberarse de esa panza que atormenta. Todos mancomunados y mullidos por las visitas de madre y suegra mutua.

La realización es el punto y campo más subjetivo de la vida moderna. Nadie más que uno para concebir este logro, y para resignificarlo. Sentirse realizado.

Se suele creer que el hombre no tiene un rol activo en este proceso de parto, y la verdad que lo siento muy diferente. La contención, el cuidado, concebir la idea de que algo puede ser vulnerable a grados máximos, y tener que protegerlo y adecuarse a su intención es un gran esfuerzo que la energía masculina debe hacer hasta mutar a femenina en la concepción de vida. El feminismo es útil y necesario pero cuando marca diferencias raciales entre masculino y femenino provoca el efecto contrario. Todos llevamos hombre y mujer dentro, y el nivel al que decidimos y logramos sacarlo es lo que nos dará soltura de desenvolvimiento, de proceder. En estos tiempos, más logres emblandecer, adaptar, hacer maleable tu perspectiva de las cosas, más disfrute estarás posibilitado a ver y obtener.

Lindar con el lado femenino o masculino de uno es romper estructuras rígidas que por siglos nos impusieron como reales. Ante todo humanista, rojo, radical, extremo como experimentación y liberal de proceder. La libertad de acción no se limita y vamos todos juntos a inspeccionar en las realidades de los espejismos que nos cruzamos por ahí.

Pensaba que frágil uno se permite más estar triste, o melancólico, o pensando en aquello que ya no está, y eso da paso al llanto, que lava. Y la va a tener que sacar, doctor, quiero conocerla.

Sábado 20 de octubre

Y salió nomás. Hace cuatro días. Son las nueve y media y tomo un mate mientras Gonza disfruta su leche con tele tras una nueva semana de clases. Ahora ve que la madre se despertó y como le da celos de que dé la teta viene a insistirme hasta el cansancio con que quiere que lo lleve a la vuelta al mundo. Así llama a la juguetería que tiene lo que acá llaman noria, y en mi país de origen le pusieron vuelta al mundo. Suena ampuloso. Y mientras escucho al niño que repite sin parar esa frase. Vuelta al mundo. Es pretenciosa, dadivosa, alocada, aventurera, la idea de dar la vuelta al mundo en una rueda aceitada con engranajes y canastitas que contienen a las personitas que deciden embarcarse en ese juego.
Noria me la seca. La noria me hace acordar al puente que había que cruzar para pasar a provincia. Y que ni sé si alguna vez crucé. Mi paso a provincia era puente Pueyrredón. Avellaneda. Segunda casa.

Es real que te vuelve más melancólico rozarse y vincularse con la fragilidad y la debilidad. El cuerpito de Maia me refleja eso. Tiene 4 días, es una pielcita suave, arrugada en partes, y chiquita a niveles que me encuentro con su cabeza entera en mi mano, o su posición fetal en un solo brazo. Me inspira ternura y también me expone a un estado de indefensión desconocida, de que somos una hojita volando entre las tempestades del otoño recargado que estamos viviendo. En la semana que nació Maia llovieron cinco de siete días, y el sexto un ratito, o sea, cinco y medio. Una barbaridad para la frase que escuchamos repetitivamente al llegar hace tres años a Barcelona: no, en esta ciudad llueve poco. Sí, excepto esta semana. Claramente de pasaje de verano a frío otoñal, cuasi invernal.

Los ánimos se aquietaron. Fui a ver por qué. La madre dejó al nuevo animalito en la cuna. Peludita, con una capa de pelusita en los brazos es ella. Una mujer. Sensible, que abre los ojos en su cama y no llora, sino que inspecciona qué pasa. Es un entorno nuevo, y la observadora recién ahora empieza a ver más allá de su nariz, colores, luces, olores, y pintó las ganas de la otra. La teta. Esa que por estos días se expone más porque es el recordatorio de que se hagan una mamografía anual las mujeres en edad de riesgo. Esa teta que se obliga a tapar en público a las mujeres que circulan por Vicente López en Argentina, aún si es para alimentar a su criatura. Las tetas que sufrieron censura hoy son las tetas que mañana saldrán a ventilar tu pudor sin límites.

Tan atados estamos a estructuras patriarcales que el cuerpo humano y su musculatura a mis 37 años vengo a enterarme que en las mujeres tiene dos flores en cada uno de sus senos. Maternos, mamones, florecientes, y sin pudores por las costas de estas tierras. Se convierte en algo tan común que me he encontrado hablando de ellas y sus formas y diferencias con mi mujer tirados en la arena. Hay muy pocas en la abundancia que acrediten belleza. Pero eso es a juicio de observador, el punto es que son parte constitutiva de identidad femenina. Los pechos. Las tetas. Fuente de vida, alimento constitutivo de consistencia maciza del que depende ese cuerpo recién extraído de interiores.

Aumentó doscientos gramos, qué suerte. Ya está recuperando peso. Doscientos gramos, ¿entendés? Lo que pedís en la charcutería de jamón dulce o del país. Cocido y crudo pa nosotros. Y si hace caca ya elimina esos mismo doscientos. Y fijate si ya hizo pis. Ay, le sangra el ombligo. De ¿urgencia? a la primera visita a su médica. Hay que secarlo más. Acá se usa jabón y agua, allá alcohol setenta porciento, ¿y en la China con qué secarán el ombligo que nos unía a nuestras madres? Pude cortarlo. Cortá el cordón. Lo que circula por dentro de ese cordón blanco es una masa azul. Sí, la vi, es azul. Y al cortarlo se seca. A la semana más o menos. Bueno, todo eso es materia proveedora de vida que uno que desconoce trata con una delicadeza absoluta. Las médicas no, manejan a la bola de pelo, sangre y piel con una destreza propia de malabarista. No tiren mucho que tiene cordón corto. Se lo pasaron a la madre aún sin haber cortado la unión a ella, el cordón. El bebé te reconoce por la voz y el latido del corazón desde el comienzo.

viernes, 5 de octubre de 2018

A tu merced


Como hojas muertas. Remembra Joan Manuel, y el Flaco Spinetta le complementa. Todas las hojas son del viento, y pienso que quiero que te empapes de ese universo tan personal que supo criar el poeta que dio vida al día de la Música en Argentina. Spinetta, Cerati, Fito Paez, Calamaro, Cordera, Ciro, el rock nacional me marcó, hija. A vos te escribo. A quien espero que salga y se mantiene dentro ya pasadas las 40 semanas de interiores. Ya tenés vida, sólo que aún no te veo, y no sé qué hará que la vista sea tan significativa, porque ya te sentí moverte, y te toqué una patita. Sí, a través del filtro de la piel de tu madre, pero lo hice. Y luego de salir es que se empieza a contar. Vas a cumplir años por estos días, para siempre. Lo que perdura es lo que se valora. Y el día de cumpleaños perdura. Y verte y tenerte en brazos también. Tu hermano, Gonzalo, con sus 3 años y meses, me deja claro constántemente que él está más atento que cualquiera, por más que creamos que el habla es lo que facilita la atención. No, nada que ver. La dificulta. El habla es un invento útil para mantener comunicación con el exterior pero es más arma pleito que los sentidos convencionales, la vista, el olfato, el tacto, lo auditivo con la música encabezando el ranking, y el gusto.

El gusto es mío de estar esperando tu llegada. Dale, llegá, que la ansiedad no aprendí a controlarla y resurgieron cual fantasmas del sarcófago de meticulosidades perdidas dos de aquellas uñas que me comía de chico, sólo que esta vez soy adulto, elijo que sean dos. Ja, sí, hija, nos creemos que elegimos todo el tiempo. E instándonos a hacerlo estamos siempre, los unos a los otros, a veces en forma cordial, otras abrupta, otras manipulando, otras -con suerte- apenas sucediendo, y otras concediendo. Somos humanos habitando este espacio etéreo y construyendo e hilvanando ilusas creencias de que las cosas se hacen de un modo. El que vos vayas divisando que es el que te hace sentir bien, cómoda, gustosa, a tus anchas, es el que estará bien. Maia, que la vida te brinde lo que venís a buscar. No pares de buscar. La ilusión existe, es, y también es la que impulsa la fuerza vital que el universo tiene para acompañarte. Si no contruís tu telaraña, tu red, tu ilusoria irrealidad, nada se divisa, mientras que si lo hacés con empeño y dedicación, con amor, y buscas sin parar aquello que te alimente de energías renovadas, de seguro vas a estar plena, hija. Y eso deseo para vos. Papá y mamá estarán, sobre todo al principio, para intentar ordenar el caos, cuando sabemos que no se ordena sino que se acomoda, para instarte a seguir tus pasiones, pero luego soltarás a mamá y papá de la mano y te largarás a correr sola. No aceptarás tanto franeleo y dejarás abrir tus alas en el destino que te plazca. Ahí te digo, hija, que nada ni nadie condicione tu visión, aceptá ayuda y compañía, manteniendo siempre tu idea y ganas como estandarte. Si estás confundida, sentate a ver qué querés. La confusión es propia del que se anima a revolcarse, así que no le temas a las sensaciones oscuras, que son las propulsoras de la inspiración e imaginación necesarias para ejecutar tu deseo.

Ejecutá. A sangre fría a lo que debe morir y tus actos en realidad para verlo plasmado, consolidado, afirmado, en este planeta, que es al que llegás en breve. Pienso darte todo mi corazón, con sus capacidades y falencias, a disposición para que hagas uso, sí, usame, aprovechá que papá está para vos, para cuidarte al principio -y siempre- y sabé que aunque me enoje o muestre mi lado menos cordial, papá está para servirte y lo que gustes llamar.
Te llamo, hija, Maia, dale, vení, quiero contemplarte ya, sentir cada una de las extremidades de tu cuerpo, y conocer la sensibilidad con la que venís al mundo, conocerte, que para eso es que estamos acá presentes. Para conocernos, y divertirnos un rato.


lunes, 1 de octubre de 2018

Trabajo de parto


Un parto es la resultante del trabajo hecho durante 9 meses previos de dedicación y contención de un gestante, una obra de vida. Entre cobijos y manutenciones, obsesiones y celebraciones, malestares y bienestares, la masa de cartílagos primero, huesos, músculos y carne se fue consolidando y en un punto se da cuenta que el espacio donde está le queda chico, y empieza a pujar por salir a conocer algo más.

Siento que estoy presenciando el mismo trabajo de parto tanto en mi familia, con la ansiosa espera de Maia Galin, que está al caer, como con el Club de mis amores, el Glorioso Independiente de Avellaneda, que hace 9 meses nos hizo volver a concebir la idea de que el Rey de Copas no fue un eslogan más, sino que es una mística que se sostiene viva a prueba de hazañas coperas. Hoy, ahora, por estos días, ambos -familia y equipo- nos enfrentamos ante una instancia trascendente: parir.

No es algo que se hace como en las películas hacen creer, donde todo ocurre instantáneamente. El estado y trabajo de parto es un momento donde convergen todas las intenciones y voluntades puestas a lo largo del tiempo en que se dedicó atención y cuidado al proyecto, se sufrió, se afianzó, se corrigió, se replanteó y se volvió a creer en que la vida brota sola si se deja ser sin obturar.
Desde luego que siempre estamos pendiendo, y pendientes, de la sombra que rodea a la vida, es decir, la muerte. Pero para ahuyentar fantasmas, elijo enaltecer y rendirle honores a la inevitable, reflejarla en ese padre que se me fue hace menos de 3 años, y que dejó un sólo legado a sostener. Sí, a veces puede pintar las ganas de gallinear, quién no teme a los cambios, pero no alcanza, y toca juntar valor para enfrentar lo que es. La vida de un hijo, concebir una vida, lo es. Es por sí solo. No importa a qué se enfrente, ni a qué queramos que se enfrenten. Ellos toman decisiones, nosotros acompañamos.

Igual que con el equipo del Profesor. Deposito mi confianza en que surgirán las fuerzas necesarias para dar a luz este proyecto gestado con amor durante más de 9 meses. Y me entrego, a contemplar, porque a la larga es poca la participación que uno tiene, o es observadora y acompañadora en este momento particular que toca vivir. ¿Cómo estás? De parto.

Hablo de vos Rojo querido, hablo de mi vida puesta en cuerpo de mi mujer Marisel. Porque todo es igual, es la pasión que se refleja en mi. Nadie dijo que es fácil el trabajo de parir, pero estoy seguro que siempre tiene final feliz, porque es la resultante de un proceso, no es sólo un resultado.

Esta Campaña volveremos a estar contigo... ¡te alentaremos de corazón!
Somos nosotros, guerreros pariendo, poniendo huevos, ovarios, corazón, hasta el minuto final, y no habrá duda o miedo que pueda más que la voluntad de vida, roja, furiosa, pasional, salvaje, que sale a bailar con la que toque, sin prejuicios, con soltura de niño, a la que toque jugar.

Mañana el pueblo rojo de Barcelona también se aglutinará alrededor de (la estación) Monumental, para parir un sueño, la Octava. No sé si seré de la partida allí o en el hospital. En el mismo proceso estamos, alentando para que salga la niña Maia, aguantando los trapos, porque sabemos que la alegría posterior no se compara con nada. “No se compara, con otra hinchada, somos nosotros, en las buenas y en las malas... Yo te sigo de pendejo, siempre voy a todos lados, yo te vengo a ver descontrolado...”.

El paralelismo es infinito, porque de inspiración se trata. Mi viejo, Independiente, yo, el que sigue, en individuo y colectivo, vamos a empujar y pujar, que el canal de parto está abierto, y es cuando más toca aguantar. Nadie dijo que sería fácil. Todos juntos se aliviana. Es por vos. Hasta el final.



domingo, 15 de julio de 2018

Incompleto


Incompleto. El pulmón me silba. Se achicharra, se emputece en la necesidad de dejarme patente lo que no quiero ver. La sibilancia y latancia que produce el no poder entregarse por completo a lo que satisface tu alma. Entonces es cuando me recuerdo que estoy roto. Podrido. Putrefacto. Decrepito. No. No hay palabra que describa esta sensación agobiante de vacío. Es un agujero en el pecho, es sentir que la sangre fluye más espesa. Desconocerlo sería frustrante. Prefiero reconocerlo. Dejar que salga. Soy y seré incompleto, y en ese afán por encontrar piezas faltantes, o redondear un honorable fin a lo que me propongo, intento completar algo que vino así de fábrica. No te condenes solo. No, si no voy a tener esas voces idiotas que me hablan en plan autoayuda, pero que no logran más que acrecentar la sensación. Todo lo que puta niegue me va a terminar atravesando el alma. Y yo ya estoy atrevesado por esto. Todo esto. Lo que es. Lo que soy.


Es que mirarlo de afuera siempre es más fácil que involucrarse.

Es la diferencia entre tener una idea y llevarla a cabo. Desde afuera todos pueden opinar, decir, juzgar, banalizar, idolatrar, creer lo que se le antoje, bah, si total nada constatará en la realidad si era así o no. La capacidad irreal de resolver todo sentado a la mesa y vomitando soluciones y verdades.

El que se involucra, el que se mete en el fango y berenjenal que es sortear las propias trabas para llegar a un resultado, que nunca sabremos si es el indicado, pero que nos garantiza un paso de crecimiento y evolución personal, ese es el que tiene las de ganar. Porque se puede ganar contra otro, en modo competitivo, uno versus lo que creas que limita las posibilidades del planeta, o se puede ganar evolutivamente respecto a uno, sin centrar la mirada fuera sino en lo que uno puede o no hacer para salvar su causa.

jueves, 5 de julio de 2018

Hilachas


Tengo que ponerme a escribir. Quiero ponerme a escribir. Es un compromiso. Uno elige si sumarse más cosas o no, y yo ya acepté. Además para qué uno se sienta a escribir. Sí, claro. Para ser leído. Eso que ya se perdió un poco. Como que pasó de moda. El sentar el culo a escribir. No una notita. Un apunte. No eso de convertir todo pensamiento en tuit. No. Algo largo y reflexivo. Aunque más no sea un hilvanado de cosas. Mierda, dije hilvanado y me acordé de la ropa que quedó en el lavarropas. Si no la pongo a secar después le queda olor a poto. Y voy a tener que lavarla de vuelta. No. Mejor voy.

Listo. Ya está. Si todo fuera como en el papel. Un irse, ausentarse, y que en renglón siguiente quede resuelto. Hecho. Porque si uno lo piensa pero no lo hace está apenas hilvanando irrealidades superfluas y etéreas. Como cuando se decide uno a articular más de dos oraciones con un fin de entendimiento razonable, o al menos misteriosamente interesante, porque entre que nadie lee y que si deja de ser atrapante, hoy en día uno ya se distrae con otra cosa. Son muchos los estímulos.

El hecho es que no sé qué escribir. Voy a preparar un mate a ver si las ideas vienen a mi. O si logro articular un pensamiento que se hilvane con el sentido mismo de que todos volvamos a escribir nuevamente, como en la época álgida de los blog.

El mate está rico. Pero más el jugo de naranjas recién exprimido. Combinado con dos hielos y jengibre es uno de los refrescos que más satisface mi garganta ávida de fructosa. Infructuosa es mi necesidad de tener preconcebido qué haré. Las cosas se hacen a medida. A medida en que pensás en que no se hacen. Es un devenir escena. Al tipear uno se deviene encima de la tipografía. Y resulta un mar alineado y prolijamente hilvanado, como un rompecabezas terminado, de palabras que se articulan, y arman sentido. Ese tan necesario, para construir noción. ¿Sino en materia de qué opinaremos el resto? De una coherencia que despierte emoción. Salud. Ayy... los mocos. Es el aire. Ahora vengo. Ya vine. La instantánea del diario vivir. Algo más que eso, es la captura del instante, es la inmortalidad de ese conjunto de pensamientos que querían decir algo. Pero que nunca terminaban diciendo nada. O no al menos lo que parecía ser importante. Palabra tan excéntrica que sorprende que no devenga en algo que movilice nuestros sentidos. Le voy a decir algo importante. Advierte. Se preacontece. Encima. Y nunca más volvió a ser como era antes. Claro. Siempre va a ser como es hoy. ¿Y vos qué te metés? ¿Y vos a qué temés?

jueves, 7 de junio de 2018

Dándolo

El tema es obsesionarse lo suficientemente acometido. Asumir que el bloqueo es parte de la esencia y destrabar a fuerza de pico y pala diario. De lo que quieras especializarte, dedicate una hora diaria a hacer eso nada más, y sólo así habrá avances. Lo demás es la fantasía de obtener algo a cambio de nada. Admirás a un futbolista. Hacé el esfuerzo que hace ese jugador. Apostá por tu esfuerzo. Querés lograr algo. Más que nunca, rompete el culo por que eso pase. No admirando el logro, sino reparando en los pasos en que se desglosa el objetivo. Y dándolos.

martes, 22 de mayo de 2018

Se me hace bien


Empecemos por el mate entonces, sugirió. Porque si entendés el ritual del mate entendés toda nuestra forma de vida.

Cumplir años es la forma más vil de recordarte el paso del tiempo. Porque ocurre todos los días pero hay uno especial donde todos, con suerte, te tendrán presente. Donde te tienen a consideración. Donde no cambia nada pero se hace bien hacerte sentir único. Está bueno, se acepta. Incluso, se bienrecibe, pero qué hará que un sólo día sea tenido en cuenta así y no los 364 más que conforman esa unidad de medida llamada año.

No es que tenga a bien despreciar los elogios, pero se me hace cuestión querer saber qué embarca al humano de recordatorios como para validar un día por sobre la presencia constante. El valor está dado por la perseverancia, no por la aparición fortuita. Saberse conocedor es una reverenda cagada, elijo ir con visión de inocente niño que inspecciona y no por eso es ingenuo, más bien es elocuente y creador de realidad, a opuestas del adulto modesto, adusto, rígido, preconcebido. Ya deslegitimizado.

Que siga la ronda. Gracias. Es que en el transcurrir del tiempo a juntas es lo que le da vida a un vínculo. No es lo esporádico, por más bueno e intenso que pueda ser, lo que sostiene y da crianza a la naturaleza humana de vincularse. El encuentro es chispa, pero la vinculación es un fuego fuerte, con dos leños cruzados de punta a punta que sostienen la charla y muchas ramas y ramitas de distintas calidades y tamaños acompañando para ir siendo arrojadas cuando se crea conveniente. Con un buen vino, mucho libro y pinturitas y lapices y lapiceras sueltas por ahí, algún buen juego de mesa, cuadernos con hojas en blanco, familia dispersa por todas partes, ricos olores, aromas a viejo, a tiempo, a transcurso.

¿Sale otro mate? ¿Quién lo prepara? Yo estoy muy metido acá...
Un repetido juego que se sistematiza hasta hacerse vacío, caduco, obsoleto. Y se pasa al siguiente. Insistente, repetitivo. Se acabó. Personificar es encarnar, es hacer cuerpo.

sábado, 5 de mayo de 2018

Carta abierta al Kun Agüero

No olvido más aquel día, estaba en el Codo de la vieja Doble Visera, y vos, muchacho retacón y veloz, te le escabulliste a medio equipo para sembrar uno de los goles más lindos que me tocó ver dentro de un estadio. Uno lo veía y ya sabía que tenía destino de red la pelota, sólo era cuestión de disfrutar y ver esas maniobras corporales que descaderan a cualquier defensor.

También estuve cuando te tocó entrar, con 15 años, en la historia grande del fútbol argentino. Sin tocar la pelota ya eras leyenda como el jugador más joven en pisar una cancha de primera división. Por eso, y otros enormes goles que me hiciste gritar junto a mi viejo, porque te fuiste temprano del Rojo y todavía tenemos pendiente aquello de ganar una Copa con vos, y no dudo que ocurrirá. Porque cuando descendimos junté el dolor familiar rojo en un trapo que acompañó todo el periplo por la B, y sintetiza lo que siento por este Club y, por qué no, por vos, Kun querido.

Porque cuando pisé Barcelona hace unos años una Peña me contuvo en el momento más trágico al enterarme del fallecimiento de mi viejo a la distancia. Porque ese mensaje en el trapo se convirtió en bandera y me juramenté que pisará el estadio Libertadores de América como modo de rendirle honores a quien me hizo querer esa casa desde que tengo 4 años. Porque también me prometí que movería cielo y tierra para que antes estuviera firmada por mis tres grandes ídolos que vi en una cancha con la camiseta del Rey: el Bocha, el Mariscal y el Kun.
Porque ya tiene la estampa de los dos primeros y faltás vos, Kun, para conseguir el sueño de que este manto sagrado envuelva y cobije las dedicatorias de quienes nos hicieron abrazarnos y delirar por estos colores.

Porque sé que estás en Barcelona recuperándote para encarar tu mejor Mundial, y sueño con que anuncies que volvés cada día. Porque esta oportunidad es única y no me importa lo que digan, lo que digan los demás, necesito que me leas y des dos minutos de tu vida, Kun. Para vos será algo insignificante, otro pesado fanático más, y para mi será la gloria, habré cumplido la primera instancia del plan, tener la bandera lista para seguir su camino a Avellaneda. Porque “Nada va a cambiar mi amor por vos”, Kun Agüero, te pido encarecidamente, ¿dónde te puedo encontrar? David, mi viejo, Gonzalo, mi hijo, y yo, te estaremos agradecidos para siempre.

Salud al Rey, y eterna vida a los colores que despiertan la pasión y el recuerdo de los días felices en aquel estadio de cemento.

domingo, 18 de marzo de 2018

En tu día

Nada más que hablar. Nada más que decir. Nada más que hacer. Vos mirá el show que yo me endulzo con un abrazo. Para adelante. Vos mirá para delante. Elegite una buena compañía, y dale con lo que te guste. No es otro el consejo que hubiera dado. Que dió. Nada lo cambia, pero él no está. Ese abrazo fornido, redondo, entero, que te envuelve el alma y te dice que todo está y estará bien. No se altera. Pero no está. Él. Físicamente. Esa inmensitud de ser que agitaba, que todo lo cuestionaba, que te quería de un modo inobservable, subrepticio, esmerado desde la concepción del acto inicial, sin tanta pompa o querer dejarlo claro con palabras, él estaba. Él está. El alma se abraza. Y esa sensación no se pierde. Nada lo cambia. Lo que se siente. No hay forma de explicar. Gracias. De lo imborrable y la mochila que uno lleva siempre encima. Dos años es muy poco tiempo para borrar. U olvidar. Y aparte nada más lo hará. Es el adn. Te extraño pa.

martes, 13 de marzo de 2018

Proceso

Ideo. Tramo. Pergenio. Armo. Bajo. Plasmo. Elucubro. Vuelvo a idear. Corrijo. Asomo. Escondo. Retazo. Retaceo. Destruyo. Reconstruyo. Canso. Sigo. Retomo. Me importa un bledo. Me entusiasmo. Concreto. Centro. Focalizo. Queda. Deja de pertenecerme el verbo. Se fue. Suelto. Suelta. Ella. La obra. Se desprende. Toma vida. La hace propia otro. Se hace propia a sí misma. Crece. Se marchita. La riego. Cuido. Reparo. Dejo. Ahuyento. Detecto. Enmiendo. Deslizo. Elijo. Dirijo. Condujo. Ella. La obra. Dedujo. Deduzco. Induzco. Conduzco. Endulzo. Freno. Arrepiento. Transmito. Ejecutan. Sugieren. Predicen. Dicen. Gusta. Asimilan. Asimilo. Me enriquezco. Aborrezco. Socializo. Me hipnotizo. Me deslizo. Agrieta. Expone. Se muestra. Demuestra. Condice. Condiciona. No importa. Emociona. Opina. Que trina. Que lindo. Que ocho cuartos. Que sí. Que no. Que ya está. Toca empezar otra. Ideo...

jueves, 8 de marzo de 2018

La mujer


La mujer es ese ser que subyace a la eventualidad del acontecimiento y entrega vida.

Elijo resonar en mi complemento y no rivalizar. Entiendo que hay distintas instancias de conciencia, y que aún hay que luchar para que los primates masculinos comprendan que no son sólo carne, pero saliéndose de esa primera línea de fuego, el juego de opuestos no siempre refleja la convivencia deseada, y es mejor tomar lo interesante de cada género que valerse de ovarios para reclamar por lo que ya se tiene. La igualdad no existe. En nada. Enredarse en el reclamo de la misma es como hacerse una paja, nadie más que vos sabrá del cambio interno que podés estar gestando. Nadie más que la mujer para decir qué hacer o dejar de hacer con su cuerpo.
Nada que se imponga por la violencia y la exclusión puede llegar a buen puerto. De ahí que el problema crece...

Felicito por su día a cada mujer que lucha y hace lo que esté al alcance de sus posibilidades para sentirse cada día mejor, por que su tribu se sienta cómoda, la que promueve que su manada se expanda y descubra nuevos horizontes.

Somos más animalitos de lo que desearíamos, y a mi la mujer me lo deja más claro que el hombre. Un ser capaz de dar luz, comida y calor, tan sólo con sus herramientas con las que vino al mundo, su cuerpo. Una mujer capaz de iluminar cada escena que se le hace presente, de irradiar esa energía femenina capaz de crear lo que toque. Toca agradecer y felicitar a las mujeres en su día, entiendo que en pie de guerra porque hay mucho descarado humano que mata, pero la violencia y estupidez humana no distingue sexos, es algo propio de la especie misma.

Get down, make love.
¡Por las mujeres guerreras!
Con cariño.

miércoles, 21 de febrero de 2018

Hola Ro, Pa, Vos, ¿cómo estás?

Hola pa, entre tanto caos y zarandeo de la vida por estos días me tomo un reparo de 5 minutos porque necesito hablar con vos. Serías el primer llamado del día, sin importar la diferencia horaria que exista. Serías y sos la omnipresencia con la que dialogo y hoy es un día importante. En el amplio sentido. Sabés que hoy hace tres años decidí unir mi vida a la de la mujer que acompaña mis días. Sé lo importante que te pareció ese día. Tu mirada e intento de ayudar en todo lo que se presentase, esos nervios alegres que transmitías y redondeabas con un “¿me oíste, boludito?” antes de emprender la caminata al altar, todo me demostró que ese día te quedaste tranquilo. Supiste que tu hijo varón iba a estar bien rodeado.

Y hace dos años exacto fue ese último clásico de Avellaneda que vivimos juntos en ese rectángulo de tierra que es la eterna Doble Visera mutada en Libertadores de América. Ese día fue el último que disfruté junto a vos. Al día siguiente nos tomamos un vuelo a Barcelona con escala en Bogotá y al mes me enteraría por teléfono que te habías ido.
Y hoy pa, justo hoy, es el día que toca revalidar intenciones de regreso. Nuestro. Del Rey. El Rey David me lo transmitió claro, lo nuestro son las noches de Copas. Dejá a los boluditos de River y Boca que se saquen los ojos por ver quién gana el campeonato. Nosotros jugamos en grandes ligas. Siempre fue y será así. Y hoy volvemos a aquella final del 1984 en donde decidimos retirarnos de ganar Libertadores a destajo para darle la oportunidad a otro de experimentar qué es esto de ser el Rey de América. Y aún con 34 años de ventaja, nadie supo alcanzar la corona.

Bueno, hoy revalidamos títulos con el Gremio, pa. No sabés el equipo que tenemos. De esos que da orgullo mencionar uno por uno, que sabés que dejarán todo lo que tengan por ganar. De ahí las ganas de que llegue la hora ya. Con todos esos preparativos que solíamos encarar juntos. Con los prolegómenos del periplo rutero y, cuando eran partidos importantes como este, la espera en el ring side, en el estadio junto a otros, siempre junto a vos. Todo eso se perdió y se fue con vos. Lo supe desde el día que me dijeron que te habías muerto y que pedí que corroboren ante la sorpresa, pero ante la plena certeza de que allí se fue una experiencia única. La de ir a la cancha con mi papá. Y nacía un legado único también, el de sostener los colores con mi hijo, aún a la distancia.

Y se va haciendo. Ya besa el escudo, pa. Se pone alegre cuando me ve llegar con la camiseta del rojo puesta. Busca la suya. Se pone los cortos, las medias, y sale a potrear y correr y saltar. De mantener viva la llama se trata, ¿no pa? En eso ando y en eso anda nuestro rojito querido. Comandado por un hombre que bien tendrías que haber conocido antes de irte. Ariel Holan es todo lo que está bien, más allá del resultado. El Rojo dejó de ser un equipo oportunista, y es una idea de juego irrenunciable nuevamente, pa. Eso ya es festejable. Estar en estas instancias lo es. Pero, como bien me enseñaste, nosotros no jugamos Copas, las ganamos. Y a eso vamos pa, con la frente alta, a ver qué pasa esta noche. A hacerle frente a la que toque. A aguantar la parada. Y mi parada tiene tanto de ser padre, tanto de independiente, tanto rojo pasión, tanto fútbol, mate y acompañar en la que toque. Tanto de vos, pa. Quizás por eso necesitaba hablar con vos un rato. Apenas para compartirte que este día se juntan muchas líneas. Y vos estás en todas.

Nada va a cambiar mi amor por vos, pa. Te extraño, y también ya entendí que tu compañía es lo que recuerde en el momento que esté viviendo. Independiente, casamiento, ser padre mediante. Sos lo que logro evocar de vos. Y nosotros... ¡vamos a dar la vuelta, ya lo veo, para que lloren todas las gallinas y los bosteros!

martes, 16 de enero de 2018

Cuánto

Cuánto cinismo. Que egocéntrico que sos. Dejá de mirarte a vos. Enunciaciones que surgen, que capto, que por algo me resuenan, y me pregunto si uno debería asimilar lo que nos devuelve el afuera o apenas dejar pasar porque no representa nuestro juego mayor.

Me duele. Me quema por dentro la pérdida. Y fomento que ese dolor salga todo lo que sea necesario, porque sólo así pasará. Me quemo. Me desintegro en cenizas y regenero el malestar porque no puedo habitar otro espacio. La superioridad mayor está dada por aceptar y bienvenir el sufrimiento, que se haga uno con uno, porque sólo de esa manera pasará. Superior en el sentido de elevarse de las mundanas creencias de que hay que ser alegre y ya, para instalarse en esa sensación que todo aquel que sufrió conoce. Un fuego interior, que se quema a sí mismo, y reproduce llamaradas de clemencia, de querer ser querido y aceptado como es, pero luego se desvanece en intenciones, porque el fuego siempre se apaga, y deviene el panorama desolador. Todo gris. Todo negro. Para que de las cenizas renazca la vida. Siempre lo hace también. Sólo que en el estado que se está no se puede ver. Luces. Sombras. Apagón.


El día que me vaya quiero que no se hagan mala sangre, quiero que digan, uy que bueno, se fue.

lunes, 18 de diciembre de 2017

Ariel, casate con el Rojo

No es lo mismo, Ariel, sin vos. Y es momento de dejarlo claro ante todos. Porque las cosas pasan, y es mejor transmitirlo antes de que mueran. Le diste ánimo, vida y, principamente, renovaste la identidad del Club más grande del mundo. El nuestro. Volviste a hacer que enunciemos con Orgullo, “Esto es Independiente, señores” a los cuatro vientos, en el lugar del mundo en que nos toque estar, para que lo escuchen todos que hubo y hay un equipo de fútbol que inspira sensaciones, los sentimientos más profundos y guardados, y que cuando teníamos 4 años, nuestros papás nos enseñaron a amar. Como se ama a alguien, despacio, dedicadamente, aguantando en las paradas difíciles para luego poder disfrutar más de los lindos momentos. Y vos, Ariel, viniste a reconquistar el corazón de un hincha que venía de sufrir como nunca antes.

Años de pérdidas, de reconocer la derrota, con hidalguía, porque sabíamos que la Gloria es eterna, pero sin saber cuándo terminaríamos de sacar la cabeza de ese pozo hondo y oscuro en el que nos tocó caer en 2013, y del que ahora nos toca salir, respirar, volver a sentir el pecho inflado de ser hincha de este Club, de esta Institución que se hizo grande por sus hazañas, sus proesas en cualquier cancha. Y que vos y tus dirigidos se encargaron de acrecentar, con este nuevo y fresco Maracanazo, que más que o mais grande, ya nos parece un patiecito trasero de casa al que vamos a festejar junto al Chivo, al Bocha, a tirar paredes con Bertoni, y ahora a creer que siempre se puede ganar de arremetida gracias al Puma, pelear cada pelota de la mano del Tractor, o eludir a tres navegando en las ilusiones adolescentes de nuestro Barco, y que la Meza esté servida para el banquete mayor; y que siempre estará ahí en el banco, donde las decisiones queman y hay que estar frío para acertar, ese ser que empezamos a conocer hace un año, esa persona única que en sus primeras declaraciones dejó clara su pasión temprana por el color que representaría.

De repente, cuando se me apagaron las ilusiones personales con la muerte de mi padre en 2016 -el 26 de marzo, día del hincha de Independiente-, cuando el Mariscal trataba de darle cause a ese plantel que se resistía a ocupar su lugar en la historia, cuando ya no había otra opción más que la renuncia y la entrega, apareció ese hombre que focalizó la atención mediática en la tecnología voladora que traía junto a su plantel de meticulosos ojos clínicos, y que encima se notaba que tenía mucho más contenido que miles de drones, porque le inyectó la sangre roja llena de travesías epopéyicas al grupo de dirigidos que, de un plumazo, supo orientar hacia un objetivo común. Allí, en esos tiempos aciagos, apareció un concepto claro. Compromiso, actitud e intensidad, son las condiciones que llevarían al CAI, a recuperar su ADN imborrable. La transmisión y asimilación de un aprendizaje simbólico eterno, como ese Saludo histórico con los brazos en alto al mundo, nuestro Haka sudamericano, en la cancha que toque, fueron lo que terminó de enamorarme de vos. Sí, Ariel, de comienzo fue. Amor a primera vista, le dicen. Es mucho más. Fue reconocer que en lo que estabas buscando sembrar estaba la semilla de vida que había dejado plantada el viejo antes de irse. Fue distinguir que tu mensaje es el que viene grabado hace varias generaciones rojas, y vos viniste a transmitirlo con una simpleza y humildad que es imposible aceptar la posibilidad de tu partida. ¡Basta de pérdidas! Independiente con vos ganó mucho más que una Copa. Retomó una senda. Recuperó una identidad, hiciste resurgir a un Diablo que estaba dormido, y que no es joda que es mucho lo que nos permitimos ilusionarnos de la mano de tu batuta.

No quiero ni pensar qué hará que no puedas seguir en la conducción del equipo. Ni suponerlo, ni deducir, ni una mierda. Quiero que te quedes a vivir en la dirección técnica del Club de nuestros amores. No quiero escuchar tu nombre en boca de otro hincha de un equipo mediocre que aspire a alcanzar algo semejante a la Gloria que esta Institución representa, y que bien sabés que se puede acrecentar.
Vos Ariel no, no claudiques porque un par de energúmenos vestidos de hinchas presionen. No te entregues a lo que el dinero sabe comprar pero que no hay corazón ni razón que expliquen. Ser el director técnico de esta camiseta color rojo furioso que seguiste desde el día que naciste no es para cualquiera. Sí, ya sé, me repiten el mantra aquel de que “Independiente está por encima de cualquier nombre”, y coincido, al igual que sé que vos, pero ese banco de suplentes ya encontró su jinete que lo monte, su aguerrido ser que lucha desde las palabras y la técnica y estrategia por conquistar el mundo de la redonda. Independiente tiene que volver a rugir en el mundo futbolístico. Y sabés bien que este es el comienzo. Que como hinchas del más grande que somos, no podemos conformarnos con la segunda Sudamericana. Que al verte llorar, gritar y apasionarte así desde el banco no podemos más que soñar con la Octava y vernos jugar nuevamente con Barcelona, Real Madrid o el PSG, una final de Mundial de Clubes. Junto a vos me puedo permitir soñar que la muerte no es un fin, sino el comienzo de algo más. Se muere para renacer, y tu nieto y mi hijo, de 2 años ambos, nos demuestran que este sentimiento inexplicable que se lleva dentro y no puede parar tiene tela para seguir cortando. Para armar banderas que proclamen el amor indefinido, incondicional e inclaudicable que siempre acompañará a estas personas que sentimos este escudo, esta camiseta, esta forma de ver y transmitir el fútbol. Ma qué fútbol, ¡la vida! Esto es Independiente, Ariel querido, y los hinchas necesitamos oír antes de que suenen las campanadas de las navidades, que te tendremos con nosotros por un par de años más aunque sea. Sí, es un pedido, es un ruego por que no te venzan los temores, por que no claudiques ante los continuos detractores, que renueves esperanzas en este período en que te casás, y entiendas que lo que el hincha genuino del Rojo de Avellaneda quiere contraer con vos es un casamiento basado en el amor que nos inpirás.

El pueblo rojo te pregunta, querido Ariel: ¿estás dispuesto a casarte conmigo? Propuesta de nupcias de un amor que pide convivencia, empezar una nueva etapa, pensar en nuestro nidito donde juntar fuerzas y permitirnos alcanzar nuevas metas juntos.
Tras este amor idílico, ni en las mejores películas soñado, este enamoramiento inicial a primera vista y este primer año de noviazgo intenso, esmerado, dedicado, tuvimos nuestra luna de miel en Río de Janeiro -sí, somos un caso raro, primero celebramos y luego nos casamos- y ahora toca contraer lazos formales. Eso que llaman firmar contrato pero que, viniendo de vos Ariel, no puedo entender más que como una puesta en claro de objetivos e intenciones, y que de esa manera tendrás a disposición todo lo que te sea necesario para llevar a nuestro Glorioso Club Atlético Independiente al lugar que ocupa en la historia de clubes de fútbol. Que conocés porque te lo transmitió tu padre, que sabés que tenés que seguir porque tu nieto, mi hijo, las generaciones nuevas de hasta 20 años con las que me tocó vivir esta nueva final, tienen que sentir en cuerpo y alma qué es esto de ser hincha de Independiente. Esta es tu hinchada, la que va al frente, Ariel, y la que te pide encarecidamente que no nos abandones, que ni pienses o contemples la posibilidad de dejar el barco en esta instancia. Porque sabrás que cuando las esperanzas se renuevan, cuando tras la muerte vil e iracunda surge ese brote de semilla que ilusiona y permite soñar, lo que hay que hacer es cultivar y cuidar, dedicadamente, en el diario trabajo, ese brotecito que apareció para que un día podamos ver y tener el árbol, que no nos dejaba ver el bosque, y que el Club Atlético Independiente volverá a gritar que ¡será siempre Independiente el Orgullo Nacional!

Dale campeón, no me hagas llorar más, decí que te quedás a compartir tu alegría y forma de ser con nosotros, Ariel, y pasemos unas fiestas en paz. El Diablo volvió a meter su cola, tenemos Copa con la que brindar en estos días, pero la mesa no está aún servida. Falta que vos nos digas que sí, Ariel, que seguís. La mejor noticia para un Club que aspira a mucho más es que nos digan a viva voz: ¡Holan no se va!

Para gritar con el alma, que te quiero de verdad, y que pase lo que pase nunca te voy a dejar. Nada va a cambiar mi amor por vos, Rojo querido, y siento que en vos, Ariel, está encomendado el legado de seguir con esta leyenda. Espero que no nos falles. Así de cruel es el amor verdadero. Directo, al enfrentarlo a la cara nos damos cuenta de sus espinas, de sus lados ásperos, pero no por eso dejamos de latir y sentir que ese es el único camino posible. Nunca caminarás solo, Ariel, estamos con vos. Falta que nos confirmes que vos también. Que pongas el gancho en este casamiento simbólico que contraemos y nos dediquemos a vivir la fiesta con alegría y tranquilidad de saber que el Rojo está en buenas manos. Y sí, está por sobre todo, y hay una persona que llegó para volver a recordárnoslo. No lo olvidaremos. Esto es Independiente, señores. Vayan, sean hombres, juguen y ganen. Vaya Ariel querido, firme y siga, que acá hay un batallón de soldados que lo acompañan a la guerra que nos planten. Porque no hay quien venza a este pueblo de pierna fuerte y templada. Hurras a Independiente, del pueblo de Avellaneda.

Vamos Ariel, ¿te querés casar con el Rojo?

viernes, 13 de octubre de 2017

40 días sin enredarse

Me zambullo en una que espero me depare algo interesante que contar. Partiendo de la base que me sé hecho para comunicar, me someto a la experiencia de dejar de hacerlo para el afuera por un tiempo. Varios indicios me despertaron la inquietud de qué pasaría si lo hiciera. Y me fijo un plazo, para también sacar el jugo y provecho de este forzamiento al que me entrego. No digo antinatura, porque la tecnología no vino con la naturaleza, pero sí anti estos tiempos, donde todo se comunica por las redes.

Siento que llegué a un punto de hacerlo por demás. Siento que algo cambiará en mí si dejo reposar. Siento que no cambia nada si lo hago o dejo de hacer. Para el afuera. La representación de mi adentro. También es una época particular, cargada de movimiento y activaciones, así que será un destinar el tiempo a eso, a lo que plasma realidad. Mudanza, mutación, transformación entregada a la acción que no quiero se traduzca en contar todo a todos.

Será que uno se vuelve selectivo finalmente.
Cuarentena forzada. Cuarenta días sin redes sociales. Nada relevante. Todo experimentable. El 22 de noviembre vemos qué pasó. Algo cambiará. O nada. El mundo siempre sigue de pié.

sábado, 7 de octubre de 2017

La noche del 10

El martes 10 del 10 es el día. A las horas señaladas. Una guerra liberada o un principio de retirada. En Catalunya se verá qué decide el Parlamento respecto a la independencia, y en Ecuador se define el paso al Mundial de fútbol 2018 de la selección Argentina, o no. Instancias decisivas. Momentos de incertidumbre. ¿Sirve de algo practicar el optimismo idealista o es preferible caer en la cruda realidad del panorama sombrío adulto y adusto que tantos gustan ostentar?

Principio de incertidumbre activado en el inconsciente colectivo, y los días que se suceden a la espera del 10. Tan cerca y lejos como el hijo de vecino con el cual elijamos hablar sobre el tema. “¿Viste qué jodido que está?”. El punto es que en la incertidumbre uno se siente más acompañado. Esa sensación de no saber qué devendrá, pero estar obligado a entregarse y ver qué ocurre. Saberse un punto ardiente en el universo y que hay factores que no dependen de uno, sino que pasan. Y esto pasará.

¿Que Messi jugará en la selección de Catalunya? ¿Que el Kun Agüero mete el gol del campeonato mundial en Rusia el año que viene? ¿Que el fútbol cae en desgracia por el uso de la tecnología? ¿Que si hubiera puesto a Icardi en lugar del paparulo ese hubieramos metido uno? “Si está todo arreglado. ¿No viste que vino el presidente de la FIFA de visita?”. Sí, un arreglo bárbaro... ¿Que River gana su cuarta Libertadores e Independiente su segunda Sudamericana? ¿Quién sabe...? ¿Que si el Parlamento dicta lo que la voluntad popular clama se vendrá abajo la economía de Catalunya? ¿No ves que los bancos y empresas ya se están retirando a otras regiones? ¿Y vos no ves que Barcelona y alrededores es la economía activa más desarrollada y evolucionada de las ciudades modernas? ¿Que nace un sistema de gobierno ciudadano directo? ¿Que en un futuro los políticos cobrarán por objetivos cumplidos? ¿Quién sabe qué puede pasar?

La incerteza es saludable si se la sabe emplear. Porque saca del lugar de achanchamiento en el que nos depositamos con la convicción de que así nada se moverá del confort logrado y, creemos, conquistado. El confort nos conquista a nosotros. Y uno cae. Como el pequeño burgués que es y que conserva la idea de fábula consumista para estar seguros de una buena vez. El bendito pedido de seguridad y orden, que el político bien sabe utilizar a su favor.

Exijamos a esos jugadores que hagan todo lo que nuestras frustradas vidas no pueden. Que se la jueguen por nosotros y conquisten lo que nosotros como argentinos no sabemos ni por dónde empezar a gestar. Pretendamos, como catalanes conversos que ya podemos sentirnos, que la independencia de esta institución mala, dañina y hasta cancerígena que es el Reino de España, cure todos los males que aquejan a la sociedad moderna. Sigamos queriendo que el afuera sea resuelto por otros, y así sí sentiremos que nuestras vidas son distintas a lo que nos toca. Ah, ¿no? ¿No funciona así?

¿Y el miércoles 11? ¿Alguien piensa en el día después de un acto tan trascendente? O el 12, cuando la espuma opinologística merme. El 12 de octubre, el día llamado de la hispanidad aquí, el de la raza, hasta hace unos años allá, y que ahora espero se respete su denominación de día de la diversidad cultural. Ese día, después del subidón emocional que implica ponerse en juego -como a cada cual le salga- en el plano político o deportivo, deviene esa sensación tan esquizo del bajón anímico, de la necesidad de aceptación de que nada cambia de la noche a la mañana, y de que habrá que esperar un tiempo para encontrar resultados. Porque todos perseguimos resultados, pero pocos distinguen el trabajo necesario para obtenerlo.

No es lo mismo jugar al fútbol entrenando junto a tus compañeros un tiempo -el Mundial- que hacerlo en forma suelta como un favorcito que se le intenta hacer a la Selección entre los trabajos anuales de cada uno: las Eliminatorias.
No es lo mismo buscar la independencia y libertad personal en cada acto que se emprende diariamente, que pedirle a un gobierno que se encargue de administrar la voluntad de una masa que no se acepta como legítima en los estratos de poder español.
Siento que los problemas actuales se deben, en gran medida, a la distorsión que hay por parte de las organizaciones e instituciones al darse más importancia que los individuos a los que representan. Porque toda administración social, sea gubernamental, privada o pública, política o cultural, no debería perderse de vista que se constituye para facilitarle la vida, o representar, a las personas que la componen. Y no al revés. Que es lo que ocurre cuando se le da más poder del que le corresponde a una Asociación de fútbol argentino, o a un partido o líder político que accede al gobierno por la voluntad popular legitimada, en el mejor de los casos.

El poder debe reestablecerse a la gente. Empoderar al ciudadano. Y eso ocurre al ver las calles de Barcelona asediadas de gente pacífica en reclamo de lo que creen les pertenece. Los golpes de cacerolas evocan aquel 2001 donde se retomó el sistema de estruendo culinario en mi país porque al sistema bancario se le ocurrió no darle plena confianza al usuario que le da entidad.
Las cacerolas se oyen cada 10 de la noche aquí en Barcelona, desde hace varios días, en reclamo por el reestablecimiento de los derechos civiles, sociales e incluso humanos, de los ciudadanos a manifestarse en paz y a pedir que una ley que no contiene a dos millones de catalanes sea modificada. No parece razón suficiente para liberar una guerra civil. ¿O sí?

Cuarenta millones de desaforados que se creen directores técnicos abogan por la conquista de las alturas ecuatorianas que aseguren que, mínimamente, se jugará un partido repechaje con Nueva Zelanda para entrar al Mundial que ya es nuestro, aunque aún no estemos en él. Porque tenemos al mejor del mundo, papá, me resuena con la voz del taxista ocasional que te puedas cruzar en cualquier esquina porteña. Lo que pasa que los otros 10 son unos perros... Sí, todos son malos y uno es el único que se sabe la posta, la precisa. Tan argento.

El 10, a las 10, del día, o la noche, todo será distinto. Algo habrá pasado. Como siempre. Y algo nuevo quedará por pasar. Que no nos coma la ansiedad. La victoria es un plato que se come lento. Y frío. Es un buffet froit. Un vermut. Mamut. La pelota siempre al 10. Good show. El futuro llegó hace rato. Y otros cuentos que nos llegan por boca de jarro. La noche del 10 vemos.

miércoles, 20 de septiembre de 2017

Lo mira por te ve

En México tiemblan. Se derrumban. Los Estados, supuestamente unidos, se inundan y devastan sus lujosidades de casas en Palm beach. Son of the bitch, no mames.
En Sudamérica caen presidentes como lluvias, y los que no, penden de un hilo delgado que posibilita el uso maniqueo de sus funciones. Europa se debate entre dejar expresar a sus integrantes o presionar para que no bajen los pies del plato. Aparecen nazis portadores de insignias que llevan implícito el cartelito de “pegue aquí”, y en las islitas del Oriente asiático luchan por ver quién la tiene más grande, y parece que un coreanito tiene el poder de que todos nos desintegremos. Pero el pato Donald no quiere quedar fuera de la foto y también saca su porongo para ser medido.
La idea de los Estados unidos queda dispersa por ahí, y nos sumamos todos a una vorágine cuyo límite es la capacidad de informarse de cada cual y de sentir pánico por la instancia atosigante que se enfrenta.

En las localías, que a cada cual le conciernen, me informo a la par sobre independentistas, macristas, franquistas, cristinistas, hablando casi como cagan sobre su perspectiva de mundo, y mientras, nada cambia. Las manifestaciones de deseo deberían estar prohibidas hasta tanto se pueda o sepa cómo hacer para canalizarla en logro. Yo quiero. Yo pretendo. Yo exijo. ¿Y con eso qué hacemos?
Todos se suman a la congoja virtual de proclamar fuerza en unos pocos caracteres, o exigir la aparición con vida, o pretender la resolución de la pobreza mundial con un mensaje en cadena, y así todo sigue su curso por la vertiente natural, que encamina sus fuerzas hacia la eclosión.
Fuego, agua, vientos, tempestades, tierra en movimiento, y personitas, seres, humanos, que se mueven con ligereza por el escenario montado para la ocasión. Pero no. El libredesplazamiento también está bajo el control de las fronteras y Estados, y cualquiera sea el motivo por el que tuviste que migrar, también vamos a exigirte que cumplas con ciertos requisitos, para así tener una nación más...
Y así seguimos viviendo. Mejor me compro un pasajecito para despejarme y recargar fuerzas. Otro se mete en un crédito con la esperanza de que así saldrá adelante. Y un terrateniente pide que se respete la propiedad privada del que tiene y no quiere repartir. No mames guey, mirá si va a entregar su porción lograda por más movimiento sísmico que pueda haber. Cuando la mitad de estos cositos que se mueven y piensan quede despejada del plano, ¿sabés cuánto más puede valer esa tierra? ¿O no habrá valor monetario que valga? ¡Criptomonedas para todos!

Juega Messi hoy. Y después el Rojo. Todo va a estar bien.
¿Viste el video en que se cae el edificio entero? Tanto en Siria como en el DF, las estructuras están más agujereadas que un queso. Acá cremoso no venden. Salvo en la tienda latina. Pero no es igual. Me quedo con el magro. Y el untable. Cambiá que no quiero ver tantas malas noticias en el desayuno. Prefiero ir a la plaza. Despejarme.
Suben las aguas, y mejor correte de la orilla. Correte no. Acá es otra cosa. Bueno, movete, y correte ya que estás, que es el único poder personal que no nos sacaron aún, a no ser que la Iglesia meta sus trompas y el descalabro mental aumenta, y por ahí se empiezan a justificar acciones que no tienen ni pies ni cabeza. Porque el sentido orientador del planeta ya está cambiando. Y todo esto es el Cambalache que nos anticiparon, sólo que cada uno lo vive a su tiempo, y esto será nada cuando se mire en tiempo delante, y lo que fue apenas es el comienzo de algo que no frena pero que de seguro llegará a su fin. Porque así se justifican los medios. Que están para defender intereses. Y así pierden interés. 6 cuotas sin interés. La llevo. Así seguro voy a ser más feliz. Nada puede salir mal. 32 pulgadas alcanza. HD, full full.

miércoles, 24 de mayo de 2017

Las despedidas


Las despedidas son una puta mierda. Entristecen, hacen creer que no hay nada que hacer con el devenir mismo de la realidad que atormenta y por momentos se acuerda de mostrarnos que toda célula que nació envejece, se pudre, se viene a menos, se desgasta, a la larga o a la corta. Se va.

Sí, el punto es qué hacemos con eso. Pero la despedida no deja ver una luz en el pozo oscuro de no poder tener aquello que queríamos.

Pueden despedirte de un trabajo, podés despedir a un familiar. Podés salir despedido hacia una escena. Esa es una perspectiva muy positiva. Y la gente no quiere ver personas sonriendo, prefieren sangre. Porque somos animales, fajinados en personalidades, pero animales al fin, y el olor a sangre llama.

Despedir algo con ganas. Suculenta intención de sacarse algo de encima. Mas es inevitable el dolor. Las despedidas tienen ese desgarro que cada cual localizará en la zona que lo afecte, y te dejan pedaleando, si no pataleando, contra la malicia de quién sabe qué juicio, ajeno siempre a uno, que no te permite alcanzar lo que tan merecedor te crees ser.

Despedís olor. Despedís amigos. Despedís personas.

Después no digas que sabés afrontar la pérdida si no te instruís en soportar la despedida con altura. Y quién sabe si irá a parar a un casillero de sapiencia o de inconsciencia, las partidas, las idas en fuga me inspiran toda la irritación y la necesidad activa se sulfata en intenciones, y sólo hay que dejar ir.


Ya volverá. Todo vuelve.

sábado, 8 de abril de 2017

Tres boludeces

El mundo, la conflictividad, el país, la naturaleza misma, todo está cayendo en un acelerado ritmo de extremismo polar negativista, y puedo observarlo y no por eso no sentirme parte. En ese devenir nos encontramos todos inmersos de algún modo en estos días donde pareciera ser que el intento por congeniar caducó ante la fuerza bruta del poder que arrasa. El del amor es el único que queda. Lo entiendas o no. El poder fundado en el miedo genera una bola mayor, que crece con la ira y el odio que se produce en el semejante que sufre. No se puede tapar el Sol con la mano ni un bosque con un árbol. A crear actos concretos de amor que, si no se acaba, se acelera el mundo. Está en tus manos.

De qué carajo te querés cuidar. Si igual te vas a ir. Disfrutá. No hay otra. No vinimos a otra cosa. Y las formas de disfrutar son tantas como personas en el mundo. El punto es cuánto te vas a mortificar y cuánto vas a dedicarte a colonizar tu poder de hacer lo que te gusta.


Tu mundo es mi mundo porque sintetizo con mi mirada.