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martes, 25 de diciembre de 2018

Pasaremos las fiestas

Pasaremos las fiestas aquí, atrincherados, agazapados, a la espera de los momentos reales, no los prefabricados que pareciera que nos obliga a vivir todos juntos y en armonía. Lo simulado me genera una especie de rebeldía innata que me sulfura y me hace hacer todo lo contrario. Espero con ansias cuando entramos en los veinti de diciembre que aparezcamos en el bendito 7 de enero y las cabezas asomen a la realidad de cada cual. Ese mundo del que elegimos rodearnos durante el año y que nos limita o posibilita el desarrollo de nuestro potencial. Estas fechas están hechas para aglutinar, fomentar el regalismo descarado, la cara de todo bien con el familiar que inoportuna con cada sugerencia, y el complemento calórico que atormente en sueños y nos haga sentir bien terrenos. Un bofe, seamos serios.

Si tenés más de 30 años y estás medianamente satisfecho con tu vida, habrás encontrado ese momento o situación que recreás porque te lleva a suspender las presiones y salirte un poco de la matrix en la que hayas elegido vivir. Ese instante elegido es el que no se acerca ni por asomo a lo que debemos o creemos que debemos hacer en las fiestas. Brindo por tener más momentos de esos inspiradores, reuniones con gente que no provoque desconfianza sino un sonrisa enorme y no impostada, una explosión de risa genuina que te hace doler la panza después, de chicos que con sinceridad descarada te enfrenten a tu fantasma más radical y que no te permite ver que mientras estés prestando atención a la marca de la botella que tenés en la mano, o de la prenda de vestir que querés lucir, junto a tu auto, tus logros, tu pareja quizás también, la vida se te consume al lado junto a la cerilla que se apaga lentamente, como el sabor amargo que deja vivir una vida ajena.

Feliz es una palabra tan sobredimensionada en el modernismo imperante que asusta la sola idea de alcanzar dicha meta. Porque pareciera ser que es la línea de llegada. Y la na(ti)vidad es la de salida. Nace el dios Sol ante los ojos de su familia conversa. Conversa la Luna con las Estrellas y de la imaginación del Humano ante la cosmogonía reinante se creó la religión. Que gobierna porque respeta el orden natural y lo adapta a lo social. Socialmente nace Jesús. Socialmente el judeocristianismo nos jodió el cerebro. Socialmente es que se solicita a los señores humanos que corran a comprar o en su defecto a dársela contra un muro de otros humanos que te impedirán el paso por un nuevo concepto de fronteras. Política que arruina los brotes de personas que quieren y fomentan el cambio social con fines evolutivos.

Nada se da como se piensa. Y nos vamos adaptando todos a lo que nace hacer. Cuando despertás, y te das cuenta que no es así como querés estar y tenés la fuerza para encarar cómo sí. Que renazcas con esa pulenta. Nosotros, pasaremos las fiestas. Salú.

jueves, 6 de diciembre de 2018

El viajar es un placer

El voyeurismo es la esencia del teatro. Es, técnicamente, ir a espiar en las vidas de otros asumiendo que uno, como espectador, no participará, en principio, de la trama. Es viajar por un rato en las conciencias de otros, en la mayoría de casos en las miserias, el drama personal llevado a escena, y aceptar que uno está ahí mirando pero que los activos partícipes de los hechos hacen como que no estamos. O nosotros hacemos como que no estamos, esa dificultad de involucramiento que asume el pasivo rol de espectante. Y así la expectativa se hace carne, hasta el instante mismo del primer indicio de comienzo de obra.

La obra es el producto logrado por el elenco estable y constitutivo de esa orgía artística que es la celebración de la actuación en un recinto delimitado. Y el vouyerista público se entretiene inspeccionando, e incluso criticando luego, el acto de hacer. Y de mostrar. La líbido que despierta saberse observado. ¿Para qué actúa un actor, o con qué finalidad, y se enriquece el alma y la autoestima al hacerlo, y en el teatro de forma repetitiva, hasta sacarle el mayor jugo a ese personaje que se le regalaba, primero en letras y luego en cuerpo, para ser interpretado? Representado. Identificado. Touche.

martes, 6 de noviembre de 2018

Vuelta al mundo

12-10-2018

Un hombre se arregla las uñas en el banco de la puerta de casa. Son las 8.30 de la mañana. Ya está claro del todo.

La sensación de fragilidad, como cuando escribís algo y se pierde en el éter sin previo aviso, de vulnerabilidad, endeble, blando, como un papelito, es lo que me invade al pensar en la inminente llegada de mi hija Maia. Gonzalo pide atención. Yo pido acción física y psíquica y Marisel liberarse de esa panza que atormenta. Todos mancomunados y mullidos por las visitas de madre y suegra mutua.

La realización es el punto y campo más subjetivo de la vida moderna. Nadie más que uno para concebir este logro, y para resignificarlo. Sentirse realizado.

Se suele creer que el hombre no tiene un rol activo en este proceso de parto, y la verdad que lo siento muy diferente. La contención, el cuidado, concebir la idea de que algo puede ser vulnerable a grados máximos, y tener que protegerlo y adecuarse a su intención es un gran esfuerzo que la energía masculina debe hacer hasta mutar a femenina en la concepción de vida. El feminismo es útil y necesario pero cuando marca diferencias raciales entre masculino y femenino provoca el efecto contrario. Todos llevamos hombre y mujer dentro, y el nivel al que decidimos y logramos sacarlo es lo que nos dará soltura de desenvolvimiento, de proceder. En estos tiempos, más logres emblandecer, adaptar, hacer maleable tu perspectiva de las cosas, más disfrute estarás posibilitado a ver y obtener.

Lindar con el lado femenino o masculino de uno es romper estructuras rígidas que por siglos nos impusieron como reales. Ante todo humanista, rojo, radical, extremo como experimentación y liberal de proceder. La libertad de acción no se limita y vamos todos juntos a inspeccionar en las realidades de los espejismos que nos cruzamos por ahí.

Pensaba que frágil uno se permite más estar triste, o melancólico, o pensando en aquello que ya no está, y eso da paso al llanto, que lava. Y la va a tener que sacar, doctor, quiero conocerla.

Sábado 20 de octubre

Y salió nomás. Hace cuatro días. Son las nueve y media y tomo un mate mientras Gonza disfruta su leche con tele tras una nueva semana de clases. Ahora ve que la madre se despertó y como le da celos de que dé la teta viene a insistirme hasta el cansancio con que quiere que lo lleve a la vuelta al mundo. Así llama a la juguetería que tiene lo que acá llaman noria, y en mi país de origen le pusieron vuelta al mundo. Suena ampuloso. Y mientras escucho al niño que repite sin parar esa frase. Vuelta al mundo. Es pretenciosa, dadivosa, alocada, aventurera, la idea de dar la vuelta al mundo en una rueda aceitada con engranajes y canastitas que contienen a las personitas que deciden embarcarse en ese juego.
Noria me la seca. La noria me hace acordar al puente que había que cruzar para pasar a provincia. Y que ni sé si alguna vez crucé. Mi paso a provincia era puente Pueyrredón. Avellaneda. Segunda casa.

Es real que te vuelve más melancólico rozarse y vincularse con la fragilidad y la debilidad. El cuerpito de Maia me refleja eso. Tiene 4 días, es una pielcita suave, arrugada en partes, y chiquita a niveles que me encuentro con su cabeza entera en mi mano, o su posición fetal en un solo brazo. Me inspira ternura y también me expone a un estado de indefensión desconocida, de que somos una hojita volando entre las tempestades del otoño recargado que estamos viviendo. En la semana que nació Maia llovieron cinco de siete días, y el sexto un ratito, o sea, cinco y medio. Una barbaridad para la frase que escuchamos repetitivamente al llegar hace tres años a Barcelona: no, en esta ciudad llueve poco. Sí, excepto esta semana. Claramente de pasaje de verano a frío otoñal, cuasi invernal.

Los ánimos se aquietaron. Fui a ver por qué. La madre dejó al nuevo animalito en la cuna. Peludita, con una capa de pelusita en los brazos es ella. Una mujer. Sensible, que abre los ojos en su cama y no llora, sino que inspecciona qué pasa. Es un entorno nuevo, y la observadora recién ahora empieza a ver más allá de su nariz, colores, luces, olores, y pintó las ganas de la otra. La teta. Esa que por estos días se expone más porque es el recordatorio de que se hagan una mamografía anual las mujeres en edad de riesgo. Esa teta que se obliga a tapar en público a las mujeres que circulan por Vicente López en Argentina, aún si es para alimentar a su criatura. Las tetas que sufrieron censura hoy son las tetas que mañana saldrán a ventilar tu pudor sin límites.

Tan atados estamos a estructuras patriarcales que el cuerpo humano y su musculatura a mis 37 años vengo a enterarme que en las mujeres tiene dos flores en cada uno de sus senos. Maternos, mamones, florecientes, y sin pudores por las costas de estas tierras. Se convierte en algo tan común que me he encontrado hablando de ellas y sus formas y diferencias con mi mujer tirados en la arena. Hay muy pocas en la abundancia que acrediten belleza. Pero eso es a juicio de observador, el punto es que son parte constitutiva de identidad femenina. Los pechos. Las tetas. Fuente de vida, alimento constitutivo de consistencia maciza del que depende ese cuerpo recién extraído de interiores.

Aumentó doscientos gramos, qué suerte. Ya está recuperando peso. Doscientos gramos, ¿entendés? Lo que pedís en la charcutería de jamón dulce o del país. Cocido y crudo pa nosotros. Y si hace caca ya elimina esos mismo doscientos. Y fijate si ya hizo pis. Ay, le sangra el ombligo. De ¿urgencia? a la primera visita a su médica. Hay que secarlo más. Acá se usa jabón y agua, allá alcohol setenta porciento, ¿y en la China con qué secarán el ombligo que nos unía a nuestras madres? Pude cortarlo. Cortá el cordón. Lo que circula por dentro de ese cordón blanco es una masa azul. Sí, la vi, es azul. Y al cortarlo se seca. A la semana más o menos. Bueno, todo eso es materia proveedora de vida que uno que desconoce trata con una delicadeza absoluta. Las médicas no, manejan a la bola de pelo, sangre y piel con una destreza propia de malabarista. No tiren mucho que tiene cordón corto. Se lo pasaron a la madre aún sin haber cortado la unión a ella, el cordón. El bebé te reconoce por la voz y el latido del corazón desde el comienzo.

lunes, 1 de octubre de 2018

Trabajo de parto


Un parto es la resultante del trabajo hecho durante 9 meses previos de dedicación y contención de un gestante, una obra de vida. Entre cobijos y manutenciones, obsesiones y celebraciones, malestares y bienestares, la masa de cartílagos primero, huesos, músculos y carne se fue consolidando y en un punto se da cuenta que el espacio donde está le queda chico, y empieza a pujar por salir a conocer algo más.

Siento que estoy presenciando el mismo trabajo de parto tanto en mi familia, con la ansiosa espera de Maia Galin, que está al caer, como con el Club de mis amores, el Glorioso Independiente de Avellaneda, que hace 9 meses nos hizo volver a concebir la idea de que el Rey de Copas no fue un eslogan más, sino que es una mística que se sostiene viva a prueba de hazañas coperas. Hoy, ahora, por estos días, ambos -familia y equipo- nos enfrentamos ante una instancia trascendente: parir.

No es algo que se hace como en las películas hacen creer, donde todo ocurre instantáneamente. El estado y trabajo de parto es un momento donde convergen todas las intenciones y voluntades puestas a lo largo del tiempo en que se dedicó atención y cuidado al proyecto, se sufrió, se afianzó, se corrigió, se replanteó y se volvió a creer en que la vida brota sola si se deja ser sin obturar.
Desde luego que siempre estamos pendiendo, y pendientes, de la sombra que rodea a la vida, es decir, la muerte. Pero para ahuyentar fantasmas, elijo enaltecer y rendirle honores a la inevitable, reflejarla en ese padre que se me fue hace menos de 3 años, y que dejó un sólo legado a sostener. Sí, a veces puede pintar las ganas de gallinear, quién no teme a los cambios, pero no alcanza, y toca juntar valor para enfrentar lo que es. La vida de un hijo, concebir una vida, lo es. Es por sí solo. No importa a qué se enfrente, ni a qué queramos que se enfrenten. Ellos toman decisiones, nosotros acompañamos.

Igual que con el equipo del Profesor. Deposito mi confianza en que surgirán las fuerzas necesarias para dar a luz este proyecto gestado con amor durante más de 9 meses. Y me entrego, a contemplar, porque a la larga es poca la participación que uno tiene, o es observadora y acompañadora en este momento particular que toca vivir. ¿Cómo estás? De parto.

Hablo de vos Rojo querido, hablo de mi vida puesta en cuerpo de mi mujer Marisel. Porque todo es igual, es la pasión que se refleja en mi. Nadie dijo que es fácil el trabajo de parir, pero estoy seguro que siempre tiene final feliz, porque es la resultante de un proceso, no es sólo un resultado.

Esta Campaña volveremos a estar contigo... ¡te alentaremos de corazón!
Somos nosotros, guerreros pariendo, poniendo huevos, ovarios, corazón, hasta el minuto final, y no habrá duda o miedo que pueda más que la voluntad de vida, roja, furiosa, pasional, salvaje, que sale a bailar con la que toque, sin prejuicios, con soltura de niño, a la que toque jugar.

Mañana el pueblo rojo de Barcelona también se aglutinará alrededor de (la estación) Monumental, para parir un sueño, la Octava. No sé si seré de la partida allí o en el hospital. En el mismo proceso estamos, alentando para que salga la niña Maia, aguantando los trapos, porque sabemos que la alegría posterior no se compara con nada. “No se compara, con otra hinchada, somos nosotros, en las buenas y en las malas... Yo te sigo de pendejo, siempre voy a todos lados, yo te vengo a ver descontrolado...”.

El paralelismo es infinito, porque de inspiración se trata. Mi viejo, Independiente, yo, el que sigue, en individuo y colectivo, vamos a empujar y pujar, que el canal de parto está abierto, y es cuando más toca aguantar. Nadie dijo que sería fácil. Todos juntos se aliviana. Es por vos. Hasta el final.



jueves, 9 de agosto de 2018

Argentina retrógrada


Se suele creer que los gobernantes de un país son la representación del pueblo que los votó. Al menos en las sociedades civilizadas así funciona y eso es lo que se da por descontado al leer una noticia que atrasa en su modo de ser tratada, discutida, manoseada, malinterpretada. Personas que se dicen políticos eligieron que el sistema de interrupción voluntaria del embarazo que rige todas las sociedades modernas no se instaure como norma en el país que todo delito comete pero que repara más en que no se note, o en acusar a la mujer de criminal, que en superar la instancia delictiva. La argentineada misma de creer que todo es un partido de rivalidades absurdas, y que si sale el verde yo saco el celeste, y que hagamos fetitos para que tomen conciencia, y dale que va.

Hay movimientos sociales que no pueden ser frenados. Quien estudió algo de historia sabe que hay causas que superan la instancia en la que se encuentra la sociedad y están encomendados a hacer abrir los ojos al resto sobre la opresión sufrida. Lo fue toda revolución que se precie de tal, y el movimiento femenino no es la excepción a la regla. Momentos de sosobra donde se cree que todo está perdido se convierten en oportunidades de volver a concentrar fuerzas y nadie sabe cuándo volverá a atacar la marea verde que no tiene marcha atrás.

Estamos en una era en donde el reconocimiento y la aceptación de las cualidades y potencias femeninas es innegable. El punto es distinguir que todos llevamos un femenino y un masculino dentro, y no caer en la chicaneada clásica de moverse por los extremos, situación tan propicia y lograda por el argentino medio que se crío en un eterno debate social y confrontación polar que impide medir y replantearse cuestiones básicas.
Argentina atrasa, en el más amplio sentido. Un presidente que llega al hermano país colombiano y, moviendo sus manitos cual marioneta articulada, hace chistes sobre Chicho Serna como carta de presentación, marca de cuerpo entero una situación degradante, imagino que angustiante si se respira en las calles un poco de empatía al prójimo. La cámara de senadores no fue menos, y bajo argumentos que más que hacer debatir sobre el aborto ponen en relieve la inoperancia de sus funciones y su incapacidad de representar la evolución de las sociedades, decidió que la clandestinidad seguirá operando tras las sombras de un país que sólo se preocupa por la fachada de sus medidas y esconde bajo la alfombra la basura de su doble moral.

Argentina está teniendo en el mundo el lugar que representa. Se conocen los chanchullos que los que pasaron, pasan y pasarán siguen haciendo, se reglamenta en contra de las libertades individuales, se distingue incapaz de construir un proyecto común, y los medios hacen creer que esto está ocurriendo por el bien del país y la armonía social. No sin tristeza, cada vez tomo más distancia de una sociedad que elige ser gobernada por una mujer que, con sus discapacidades mentales a flor de piel, dice sin vergüenza que una piba violada puede esperar nueve meses y entregarlo en adopción sin que eso afecte su psiquis.

El argentino debería hacer el ejercicio diario de ponerse en el lugar opuesto a lo que piensa. Pero verdaderamente encarnar ese personaje tan nefasto que se cree que es el que piensa distinto y asumir esa condición de pensamiento. Salir de su burbuja conceptual y distinguir que hay un mundo que lo observa y que ya sabe bien con los bueyes que ara al momento de entablar relaciones comerciales o humanas con una porción de tierra que no respeta reglas y que vive de acuerdo a lo que le permiten aquellos que persisten en su intento de congelar las mentes de quienes allí viven. No hay árbol que tape el bosque. Argentina es retrógrada, y el mundo se enteró un poquito más hoy. Si es que a alguien le importa.

domingo, 15 de julio de 2018

Incompleto


Incompleto. El pulmón me silba. Se achicharra, se emputece en la necesidad de dejarme patente lo que no quiero ver. La sibilancia y latancia que produce el no poder entregarse por completo a lo que satisface tu alma. Entonces es cuando me recuerdo que estoy roto. Podrido. Putrefacto. Decrepito. No. No hay palabra que describa esta sensación agobiante de vacío. Es un agujero en el pecho, es sentir que la sangre fluye más espesa. Desconocerlo sería frustrante. Prefiero reconocerlo. Dejar que salga. Soy y seré incompleto, y en ese afán por encontrar piezas faltantes, o redondear un honorable fin a lo que me propongo, intento completar algo que vino así de fábrica. No te condenes solo. No, si no voy a tener esas voces idiotas que me hablan en plan autoayuda, pero que no logran más que acrecentar la sensación. Todo lo que puta niegue me va a terminar atravesando el alma. Y yo ya estoy atrevesado por esto. Todo esto. Lo que es. Lo que soy.


Es que mirarlo de afuera siempre es más fácil que involucrarse.

Es la diferencia entre tener una idea y llevarla a cabo. Desde afuera todos pueden opinar, decir, juzgar, banalizar, idolatrar, creer lo que se le antoje, bah, si total nada constatará en la realidad si era así o no. La capacidad irreal de resolver todo sentado a la mesa y vomitando soluciones y verdades.

El que se involucra, el que se mete en el fango y berenjenal que es sortear las propias trabas para llegar a un resultado, que nunca sabremos si es el indicado, pero que nos garantiza un paso de crecimiento y evolución personal, ese es el que tiene las de ganar. Porque se puede ganar contra otro, en modo competitivo, uno versus lo que creas que limita las posibilidades del planeta, o se puede ganar evolutivamente respecto a uno, sin centrar la mirada fuera sino en lo que uno puede o no hacer para salvar su causa.

jueves, 5 de julio de 2018

Hilachas


Tengo que ponerme a escribir. Quiero ponerme a escribir. Es un compromiso. Uno elige si sumarse más cosas o no, y yo ya acepté. Además para qué uno se sienta a escribir. Sí, claro. Para ser leído. Eso que ya se perdió un poco. Como que pasó de moda. El sentar el culo a escribir. No una notita. Un apunte. No eso de convertir todo pensamiento en tuit. No. Algo largo y reflexivo. Aunque más no sea un hilvanado de cosas. Mierda, dije hilvanado y me acordé de la ropa que quedó en el lavarropas. Si no la pongo a secar después le queda olor a poto. Y voy a tener que lavarla de vuelta. No. Mejor voy.

Listo. Ya está. Si todo fuera como en el papel. Un irse, ausentarse, y que en renglón siguiente quede resuelto. Hecho. Porque si uno lo piensa pero no lo hace está apenas hilvanando irrealidades superfluas y etéreas. Como cuando se decide uno a articular más de dos oraciones con un fin de entendimiento razonable, o al menos misteriosamente interesante, porque entre que nadie lee y que si deja de ser atrapante, hoy en día uno ya se distrae con otra cosa. Son muchos los estímulos.

El hecho es que no sé qué escribir. Voy a preparar un mate a ver si las ideas vienen a mi. O si logro articular un pensamiento que se hilvane con el sentido mismo de que todos volvamos a escribir nuevamente, como en la época álgida de los blog.

El mate está rico. Pero más el jugo de naranjas recién exprimido. Combinado con dos hielos y jengibre es uno de los refrescos que más satisface mi garganta ávida de fructosa. Infructuosa es mi necesidad de tener preconcebido qué haré. Las cosas se hacen a medida. A medida en que pensás en que no se hacen. Es un devenir escena. Al tipear uno se deviene encima de la tipografía. Y resulta un mar alineado y prolijamente hilvanado, como un rompecabezas terminado, de palabras que se articulan, y arman sentido. Ese tan necesario, para construir noción. ¿Sino en materia de qué opinaremos el resto? De una coherencia que despierte emoción. Salud. Ayy... los mocos. Es el aire. Ahora vengo. Ya vine. La instantánea del diario vivir. Algo más que eso, es la captura del instante, es la inmortalidad de ese conjunto de pensamientos que querían decir algo. Pero que nunca terminaban diciendo nada. O no al menos lo que parecía ser importante. Palabra tan excéntrica que sorprende que no devenga en algo que movilice nuestros sentidos. Le voy a decir algo importante. Advierte. Se preacontece. Encima. Y nunca más volvió a ser como era antes. Claro. Siempre va a ser como es hoy. ¿Y vos qué te metés? ¿Y vos a qué temés?

jueves, 7 de junio de 2018

Dándolo

El tema es obsesionarse lo suficientemente acometido. Asumir que el bloqueo es parte de la esencia y destrabar a fuerza de pico y pala diario. De lo que quieras especializarte, dedicate una hora diaria a hacer eso nada más, y sólo así habrá avances. Lo demás es la fantasía de obtener algo a cambio de nada. Admirás a un futbolista. Hacé el esfuerzo que hace ese jugador. Apostá por tu esfuerzo. Querés lograr algo. Más que nunca, rompete el culo por que eso pase. No admirando el logro, sino reparando en los pasos en que se desglosa el objetivo. Y dándolos.

martes, 22 de mayo de 2018

Se me hace bien


Empecemos por el mate entonces, sugirió. Porque si entendés el ritual del mate entendés toda nuestra forma de vida.

Cumplir años es la forma más vil de recordarte el paso del tiempo. Porque ocurre todos los días pero hay uno especial donde todos, con suerte, te tendrán presente. Donde te tienen a consideración. Donde no cambia nada pero se hace bien hacerte sentir único. Está bueno, se acepta. Incluso, se bienrecibe, pero qué hará que un sólo día sea tenido en cuenta así y no los 364 más que conforman esa unidad de medida llamada año.

No es que tenga a bien despreciar los elogios, pero se me hace cuestión querer saber qué embarca al humano de recordatorios como para validar un día por sobre la presencia constante. El valor está dado por la perseverancia, no por la aparición fortuita. Saberse conocedor es una reverenda cagada, elijo ir con visión de inocente niño que inspecciona y no por eso es ingenuo, más bien es elocuente y creador de realidad, a opuestas del adulto modesto, adusto, rígido, preconcebido. Ya deslegitimizado.

Que siga la ronda. Gracias. Es que en el transcurrir del tiempo a juntas es lo que le da vida a un vínculo. No es lo esporádico, por más bueno e intenso que pueda ser, lo que sostiene y da crianza a la naturaleza humana de vincularse. El encuentro es chispa, pero la vinculación es un fuego fuerte, con dos leños cruzados de punta a punta que sostienen la charla y muchas ramas y ramitas de distintas calidades y tamaños acompañando para ir siendo arrojadas cuando se crea conveniente. Con un buen vino, mucho libro y pinturitas y lapices y lapiceras sueltas por ahí, algún buen juego de mesa, cuadernos con hojas en blanco, familia dispersa por todas partes, ricos olores, aromas a viejo, a tiempo, a transcurso.

¿Sale otro mate? ¿Quién lo prepara? Yo estoy muy metido acá...
Un repetido juego que se sistematiza hasta hacerse vacío, caduco, obsoleto. Y se pasa al siguiente. Insistente, repetitivo. Se acabó. Personificar es encarnar, es hacer cuerpo.

domingo, 18 de marzo de 2018

En tu día

Nada más que hablar. Nada más que decir. Nada más que hacer. Vos mirá el show que yo me endulzo con un abrazo. Para adelante. Vos mirá para delante. Elegite una buena compañía, y dale con lo que te guste. No es otro el consejo que hubiera dado. Que dió. Nada lo cambia, pero él no está. Ese abrazo fornido, redondo, entero, que te envuelve el alma y te dice que todo está y estará bien. No se altera. Pero no está. Él. Físicamente. Esa inmensitud de ser que agitaba, que todo lo cuestionaba, que te quería de un modo inobservable, subrepticio, esmerado desde la concepción del acto inicial, sin tanta pompa o querer dejarlo claro con palabras, él estaba. Él está. El alma se abraza. Y esa sensación no se pierde. Nada lo cambia. Lo que se siente. No hay forma de explicar. Gracias. De lo imborrable y la mochila que uno lleva siempre encima. Dos años es muy poco tiempo para borrar. U olvidar. Y aparte nada más lo hará. Es el adn. Te extraño pa.

martes, 13 de marzo de 2018

Proceso

Ideo. Tramo. Pergenio. Armo. Bajo. Plasmo. Elucubro. Vuelvo a idear. Corrijo. Asomo. Escondo. Retazo. Retaceo. Destruyo. Reconstruyo. Canso. Sigo. Retomo. Me importa un bledo. Me entusiasmo. Concreto. Centro. Focalizo. Queda. Deja de pertenecerme el verbo. Se fue. Suelto. Suelta. Ella. La obra. Se desprende. Toma vida. La hace propia otro. Se hace propia a sí misma. Crece. Se marchita. La riego. Cuido. Reparo. Dejo. Ahuyento. Detecto. Enmiendo. Deslizo. Elijo. Dirijo. Condujo. Ella. La obra. Dedujo. Deduzco. Induzco. Conduzco. Endulzo. Freno. Arrepiento. Transmito. Ejecutan. Sugieren. Predicen. Dicen. Gusta. Asimilan. Asimilo. Me enriquezco. Aborrezco. Socializo. Me hipnotizo. Me deslizo. Agrieta. Expone. Se muestra. Demuestra. Condice. Condiciona. No importa. Emociona. Opina. Que trina. Que lindo. Que ocho cuartos. Que sí. Que no. Que ya está. Toca empezar otra. Ideo...

martes, 23 de enero de 2018

Selfieconfidence

Selfieconfidence.

Principio de realidad. Condiciones de posibilidad.
Usufructo material del calvario corporal.

Prisión mental de libertades corporales inmersas.

martes, 16 de enero de 2018

Cuánto

Cuánto cinismo. Que egocéntrico que sos. Dejá de mirarte a vos. Enunciaciones que surgen, que capto, que por algo me resuenan, y me pregunto si uno debería asimilar lo que nos devuelve el afuera o apenas dejar pasar porque no representa nuestro juego mayor.

Me duele. Me quema por dentro la pérdida. Y fomento que ese dolor salga todo lo que sea necesario, porque sólo así pasará. Me quemo. Me desintegro en cenizas y regenero el malestar porque no puedo habitar otro espacio. La superioridad mayor está dada por aceptar y bienvenir el sufrimiento, que se haga uno con uno, porque sólo de esa manera pasará. Superior en el sentido de elevarse de las mundanas creencias de que hay que ser alegre y ya, para instalarse en esa sensación que todo aquel que sufrió conoce. Un fuego interior, que se quema a sí mismo, y reproduce llamaradas de clemencia, de querer ser querido y aceptado como es, pero luego se desvanece en intenciones, porque el fuego siempre se apaga, y deviene el panorama desolador. Todo gris. Todo negro. Para que de las cenizas renazca la vida. Siempre lo hace también. Sólo que en el estado que se está no se puede ver. Luces. Sombras. Apagón.


El día que me vaya quiero que no se hagan mala sangre, quiero que digan, uy que bueno, se fue.

jueves, 7 de diciembre de 2017

Lo que yo siento por vos, Independiente

¿Sabrán lo que se juega? ¿Habrá forma de hacérselos llegar?
Tengo 36 años. Soy padre desde hace 2, y vivo en Barcelona. Perdí a mi viejo el año pasado, en el mismísimo día del hincha de Independiente, el 26 de marzo. Desde que tengo 4 me lleva a la cancha como única identidad inculcada. Libre de religión, credo, dogma, mi viejo sólo me impuso la idea de que yendo a la cancha, primero los domingos, luego el día de la semana que tocase, todo se arregla, todo se charla, todo pasa, todo se acomoda, todo ocurre. Un ritual, incorporado a fuego, que simboliza una vida. Vas, en el mejor de los casos te divertís, en otros canalizás la mierda, y ahí va pasando eso que llaman días. Entre un partido y otro del Rojo. Rojo con mayúsculas, señores.




Eso es lo importante a entender. Lo que simbolizan. Independiente es un club de fútbol, una institución social y deportiva, que tuvo su auge de conquistas entre fines de los 60 y toda la década del 70. Fue el mejor del mundo. Producto de las Copas conquistadas se convirtió en el Rey de Copas, como marca registrada. Y así me llegó. Pasó a ser mi religión ir cada santo domingo a comer una hamburguesa, un chori, una porción de pizza bien chorreante de aceite en las inmediaciones del estadio más lindo del mundo. El Templo sagrado que pude conocer en cada uno de sus sectores. Desde la vieja Cordero, pasando por populares y plateas Erico, Sande, el codo que quedó tras la final con Huracán en el 94, hasta la enorme tribuna visitante de aquella Doble Visera inolvidable, ese playón de saltos y festejos entre un fragmento de tribuna y otra de la local. Independiente es un recuerdo imborrable de alegrías y decepciones junto a mi padre. Vías para expresar en el ser masculino aquello que todos llevamos dentro y que nadie nos dice cómo logrará salir. La pasión, la emocionalidad, el sentimiento a flor de piel, la carnalidad compartida de saberse alentando y tirando para un mismo lado con la intención de que la pelota traspase la línea de meta y podamos todos saltar como unos desaforados por un rato, creyendo que nuestra virilidad común es enorme por el amor que depositamos por un club de fútbol.

A quien no entienda el fútbol, es simple, es el espectáculo de la modernidad más emocionante y vibrante que hay. 90 minutos de un cotejo deportivo donde cualquier cosa puede pasar. Hay otras disciplinas donde la capacidad y potencia está más desbalanceada y siempre ganará el mejor, mientras que en el fútbol, los avatares del partido, la improvisación de la que el conjunto sea capaz en el momento, incluso con cierta picardía, más allá de que la tecnología se quiera meter indefectiblemente en las decisiones del juez, son determinantes para el resultado. Hasta el minuto final, todo puede pasar en el fútbol.

En toda civilización se da cuenta de espectáculos donde algún o algunos gladiadores luchan por algo, su libertad o vida en el caso más sanguinario, un objetivo o una conquista en las versiones más modernas. El Club Atlético Independiente de Avellaneda tiene 16 logros internacionales alcanzados, 7 de ellos la Copa más importante de América a nivel clubes, la Libertadores. Es quien más la obtuvo desde hace apenas 44 años. Y seguimos contando.

“Vamo' Independiente todo va a estar bien, como siempre te seguiré, como siempre te alentaré”. No pensé que conservaba un fanatismo tan intacto. Es así. Lo que te inculcan, te queda.
Ariel Holan, estás a sólo un paso de retomar la senda de la Gloria. Recuerdo que el día en que descendimos mi viejo se quedó con una frase, que leyó en una bandera desplegada en el frente de una pizzería de avenida Mitre. Roja y blanca, letras negras, simples, terminantes: La Gloria es Eterna. Eso fue el viejo. Eterno. Independiente es sinónimo de papá. De quien mantiene viva una llama que perdura. Va más allá de una explicación racional, es un estado de entrega a la pasión, al rojo furioso, es un modo de tomarse la vida, es el equipo de pierna fuerte y templada que ilusiona y hace creer. Ser de Independiente es saber que no cambia nada ir al Maracaná, a Japón, a China, a Barcelona o donde sea. El amor por estos colores y este estilo de juego no desaparecen. Es más, se reproducen. Porque fuimos y seremos miles de almas que vibran a la par de estos jugadores y cuerpo técnico que están a una instancia decisiva de quedar en la historia grande. De un Club aún mayor.

¡Será siempre Independiente el Orgullo Nacional!

viernes, 13 de octubre de 2017

40 días sin enredarse

Me zambullo en una que espero me depare algo interesante que contar. Partiendo de la base que me sé hecho para comunicar, me someto a la experiencia de dejar de hacerlo para el afuera por un tiempo. Varios indicios me despertaron la inquietud de qué pasaría si lo hiciera. Y me fijo un plazo, para también sacar el jugo y provecho de este forzamiento al que me entrego. No digo antinatura, porque la tecnología no vino con la naturaleza, pero sí anti estos tiempos, donde todo se comunica por las redes.

Siento que llegué a un punto de hacerlo por demás. Siento que algo cambiará en mí si dejo reposar. Siento que no cambia nada si lo hago o dejo de hacer. Para el afuera. La representación de mi adentro. También es una época particular, cargada de movimiento y activaciones, así que será un destinar el tiempo a eso, a lo que plasma realidad. Mudanza, mutación, transformación entregada a la acción que no quiero se traduzca en contar todo a todos.

Será que uno se vuelve selectivo finalmente.
Cuarentena forzada. Cuarenta días sin redes sociales. Nada relevante. Todo experimentable. El 22 de noviembre vemos qué pasó. Algo cambiará. O nada. El mundo siempre sigue de pié.

sábado, 7 de octubre de 2017

La noche del 10

El martes 10 del 10 es el día. A las horas señaladas. Una guerra liberada o un principio de retirada. En Catalunya se verá qué decide el Parlamento respecto a la independencia, y en Ecuador se define el paso al Mundial de fútbol 2018 de la selección Argentina, o no. Instancias decisivas. Momentos de incertidumbre. ¿Sirve de algo practicar el optimismo idealista o es preferible caer en la cruda realidad del panorama sombrío adulto y adusto que tantos gustan ostentar?

Principio de incertidumbre activado en el inconsciente colectivo, y los días que se suceden a la espera del 10. Tan cerca y lejos como el hijo de vecino con el cual elijamos hablar sobre el tema. “¿Viste qué jodido que está?”. El punto es que en la incertidumbre uno se siente más acompañado. Esa sensación de no saber qué devendrá, pero estar obligado a entregarse y ver qué ocurre. Saberse un punto ardiente en el universo y que hay factores que no dependen de uno, sino que pasan. Y esto pasará.

¿Que Messi jugará en la selección de Catalunya? ¿Que el Kun Agüero mete el gol del campeonato mundial en Rusia el año que viene? ¿Que el fútbol cae en desgracia por el uso de la tecnología? ¿Que si hubiera puesto a Icardi en lugar del paparulo ese hubieramos metido uno? “Si está todo arreglado. ¿No viste que vino el presidente de la FIFA de visita?”. Sí, un arreglo bárbaro... ¿Que River gana su cuarta Libertadores e Independiente su segunda Sudamericana? ¿Quién sabe...? ¿Que si el Parlamento dicta lo que la voluntad popular clama se vendrá abajo la economía de Catalunya? ¿No ves que los bancos y empresas ya se están retirando a otras regiones? ¿Y vos no ves que Barcelona y alrededores es la economía activa más desarrollada y evolucionada de las ciudades modernas? ¿Que nace un sistema de gobierno ciudadano directo? ¿Que en un futuro los políticos cobrarán por objetivos cumplidos? ¿Quién sabe qué puede pasar?

La incerteza es saludable si se la sabe emplear. Porque saca del lugar de achanchamiento en el que nos depositamos con la convicción de que así nada se moverá del confort logrado y, creemos, conquistado. El confort nos conquista a nosotros. Y uno cae. Como el pequeño burgués que es y que conserva la idea de fábula consumista para estar seguros de una buena vez. El bendito pedido de seguridad y orden, que el político bien sabe utilizar a su favor.

Exijamos a esos jugadores que hagan todo lo que nuestras frustradas vidas no pueden. Que se la jueguen por nosotros y conquisten lo que nosotros como argentinos no sabemos ni por dónde empezar a gestar. Pretendamos, como catalanes conversos que ya podemos sentirnos, que la independencia de esta institución mala, dañina y hasta cancerígena que es el Reino de España, cure todos los males que aquejan a la sociedad moderna. Sigamos queriendo que el afuera sea resuelto por otros, y así sí sentiremos que nuestras vidas son distintas a lo que nos toca. Ah, ¿no? ¿No funciona así?

¿Y el miércoles 11? ¿Alguien piensa en el día después de un acto tan trascendente? O el 12, cuando la espuma opinologística merme. El 12 de octubre, el día llamado de la hispanidad aquí, el de la raza, hasta hace unos años allá, y que ahora espero se respete su denominación de día de la diversidad cultural. Ese día, después del subidón emocional que implica ponerse en juego -como a cada cual le salga- en el plano político o deportivo, deviene esa sensación tan esquizo del bajón anímico, de la necesidad de aceptación de que nada cambia de la noche a la mañana, y de que habrá que esperar un tiempo para encontrar resultados. Porque todos perseguimos resultados, pero pocos distinguen el trabajo necesario para obtenerlo.

No es lo mismo jugar al fútbol entrenando junto a tus compañeros un tiempo -el Mundial- que hacerlo en forma suelta como un favorcito que se le intenta hacer a la Selección entre los trabajos anuales de cada uno: las Eliminatorias.
No es lo mismo buscar la independencia y libertad personal en cada acto que se emprende diariamente, que pedirle a un gobierno que se encargue de administrar la voluntad de una masa que no se acepta como legítima en los estratos de poder español.
Siento que los problemas actuales se deben, en gran medida, a la distorsión que hay por parte de las organizaciones e instituciones al darse más importancia que los individuos a los que representan. Porque toda administración social, sea gubernamental, privada o pública, política o cultural, no debería perderse de vista que se constituye para facilitarle la vida, o representar, a las personas que la componen. Y no al revés. Que es lo que ocurre cuando se le da más poder del que le corresponde a una Asociación de fútbol argentino, o a un partido o líder político que accede al gobierno por la voluntad popular legitimada, en el mejor de los casos.

El poder debe reestablecerse a la gente. Empoderar al ciudadano. Y eso ocurre al ver las calles de Barcelona asediadas de gente pacífica en reclamo de lo que creen les pertenece. Los golpes de cacerolas evocan aquel 2001 donde se retomó el sistema de estruendo culinario en mi país porque al sistema bancario se le ocurrió no darle plena confianza al usuario que le da entidad.
Las cacerolas se oyen cada 10 de la noche aquí en Barcelona, desde hace varios días, en reclamo por el reestablecimiento de los derechos civiles, sociales e incluso humanos, de los ciudadanos a manifestarse en paz y a pedir que una ley que no contiene a dos millones de catalanes sea modificada. No parece razón suficiente para liberar una guerra civil. ¿O sí?

Cuarenta millones de desaforados que se creen directores técnicos abogan por la conquista de las alturas ecuatorianas que aseguren que, mínimamente, se jugará un partido repechaje con Nueva Zelanda para entrar al Mundial que ya es nuestro, aunque aún no estemos en él. Porque tenemos al mejor del mundo, papá, me resuena con la voz del taxista ocasional que te puedas cruzar en cualquier esquina porteña. Lo que pasa que los otros 10 son unos perros... Sí, todos son malos y uno es el único que se sabe la posta, la precisa. Tan argento.

El 10, a las 10, del día, o la noche, todo será distinto. Algo habrá pasado. Como siempre. Y algo nuevo quedará por pasar. Que no nos coma la ansiedad. La victoria es un plato que se come lento. Y frío. Es un buffet froit. Un vermut. Mamut. La pelota siempre al 10. Good show. El futuro llegó hace rato. Y otros cuentos que nos llegan por boca de jarro. La noche del 10 vemos.

miércoles, 20 de septiembre de 2017

Lo mira por te ve

En México tiemblan. Se derrumban. Los Estados, supuestamente unidos, se inundan y devastan sus lujosidades de casas en Palm beach. Son of the bitch, no mames.
En Sudamérica caen presidentes como lluvias, y los que no, penden de un hilo delgado que posibilita el uso maniqueo de sus funciones. Europa se debate entre dejar expresar a sus integrantes o presionar para que no bajen los pies del plato. Aparecen nazis portadores de insignias que llevan implícito el cartelito de “pegue aquí”, y en las islitas del Oriente asiático luchan por ver quién la tiene más grande, y parece que un coreanito tiene el poder de que todos nos desintegremos. Pero el pato Donald no quiere quedar fuera de la foto y también saca su porongo para ser medido.
La idea de los Estados unidos queda dispersa por ahí, y nos sumamos todos a una vorágine cuyo límite es la capacidad de informarse de cada cual y de sentir pánico por la instancia atosigante que se enfrenta.

En las localías, que a cada cual le conciernen, me informo a la par sobre independentistas, macristas, franquistas, cristinistas, hablando casi como cagan sobre su perspectiva de mundo, y mientras, nada cambia. Las manifestaciones de deseo deberían estar prohibidas hasta tanto se pueda o sepa cómo hacer para canalizarla en logro. Yo quiero. Yo pretendo. Yo exijo. ¿Y con eso qué hacemos?
Todos se suman a la congoja virtual de proclamar fuerza en unos pocos caracteres, o exigir la aparición con vida, o pretender la resolución de la pobreza mundial con un mensaje en cadena, y así todo sigue su curso por la vertiente natural, que encamina sus fuerzas hacia la eclosión.
Fuego, agua, vientos, tempestades, tierra en movimiento, y personitas, seres, humanos, que se mueven con ligereza por el escenario montado para la ocasión. Pero no. El libredesplazamiento también está bajo el control de las fronteras y Estados, y cualquiera sea el motivo por el que tuviste que migrar, también vamos a exigirte que cumplas con ciertos requisitos, para así tener una nación más...
Y así seguimos viviendo. Mejor me compro un pasajecito para despejarme y recargar fuerzas. Otro se mete en un crédito con la esperanza de que así saldrá adelante. Y un terrateniente pide que se respete la propiedad privada del que tiene y no quiere repartir. No mames guey, mirá si va a entregar su porción lograda por más movimiento sísmico que pueda haber. Cuando la mitad de estos cositos que se mueven y piensan quede despejada del plano, ¿sabés cuánto más puede valer esa tierra? ¿O no habrá valor monetario que valga? ¡Criptomonedas para todos!

Juega Messi hoy. Y después el Rojo. Todo va a estar bien.
¿Viste el video en que se cae el edificio entero? Tanto en Siria como en el DF, las estructuras están más agujereadas que un queso. Acá cremoso no venden. Salvo en la tienda latina. Pero no es igual. Me quedo con el magro. Y el untable. Cambiá que no quiero ver tantas malas noticias en el desayuno. Prefiero ir a la plaza. Despejarme.
Suben las aguas, y mejor correte de la orilla. Correte no. Acá es otra cosa. Bueno, movete, y correte ya que estás, que es el único poder personal que no nos sacaron aún, a no ser que la Iglesia meta sus trompas y el descalabro mental aumenta, y por ahí se empiezan a justificar acciones que no tienen ni pies ni cabeza. Porque el sentido orientador del planeta ya está cambiando. Y todo esto es el Cambalache que nos anticiparon, sólo que cada uno lo vive a su tiempo, y esto será nada cuando se mire en tiempo delante, y lo que fue apenas es el comienzo de algo que no frena pero que de seguro llegará a su fin. Porque así se justifican los medios. Que están para defender intereses. Y así pierden interés. 6 cuotas sin interés. La llevo. Así seguro voy a ser más feliz. Nada puede salir mal. 32 pulgadas alcanza. HD, full full.

jueves, 14 de septiembre de 2017

¿Qué quiere la gente?

"La gente quiere" es una enunciación que me atrae pensar. Porque cuando hacemos referencia a la gente en una oración solemos estar diciendo, en forma solapada o no, lo que nosotros, como individuos, somos o queremos ser.
Me explico mejor: el espejo que nos devuelve el afuera es lo que atravesamos por dentro. Es decir, si creemos que la gente es de tal o cual modo es porque ese tal o cual nos refleja, nos hace ver una parte de nuestro ser que otra persona o accionar no nos venía mostrando. El mundo te muestra. No es de forma rígida y absoluta. La interpretación que uno hace de él es el “la gente” que usamos en el diálogo.
Por eso, saber cómo es la gente para cada uno es un modo de conocer a alguien sin que necesariamente se haya abierto en su intimidad.

La gente es muy amplio. La gente quiere saber en forma más detallada la idea. La gente es muy determinante. La gente quiere un gobierno sincero, no corrupto, cuasi ascético, pero que defienda los intereses de la gente, eso sí. Y la gente vota la mentira, el ocultamiento, el interés personal. La gente no se da cuenta... ¿Cómo es la gente para vos? ¿De qué hablás diariamente cuando te referís a la gente? ¿Tu gente? ¿El afuera amenazante? ¿El afuera amigable?

Es que la gente no sabe si no le explican. Y la era de la posverdad llega para que la gente pueda ser conceptualizada en resultados. Pero la gente se deja manipular. La gente, el vecino, el que se levanta todas las mañanas para ir a trabajar, la gente como uno, ¿viste?
La gente, la que se pone de pie y lucha por llenar la olla cada día, la que emprende y se equivoca, pero también la que no hace nada y tan sólo reclama, la gente que vota. O que importa sólo cuando vota. La gente, esa que determina con su voto, y es determinada a través de su mirada de la realdiad a través de los medios. Esos medios que le facilitan a la gente la comunicación, como por esta vía, que estamos tejiendo vínculo con la gente.

A no ser que sea acallada esa gente. Y entremos en la burbuja de creación personal, sin que importe tanto la gente ni las miradas externas, donde no hay opción de queja sino de construcción próspera. Ahí la gente no tiene ni voz ni voto. Empiezan a funcionar los agentes internos.

lunes, 11 de septiembre de 2017

Los pueblos crecen más rápido que los gobernantes

La Diada. ¿Qué es eso? El festejo nacional del pueblo en el que habitamos.
El día del Maestro, para mi, hasta el 2001, en que las torres y sus aviones arrazaron en el recuerdo. Y desde hace dos años bautizado nuevamente el Onze de Setembre como la Diada.
Me tomo la licencia de creer entender el pedido de un día como hoy. Se clama por ser independientes, de decisión y criterio, se boga por la lucha que implicó e implica la liberación de un pueblo frecuentemente en estado de opresión, que reivindica la pluralidad de desenvolvimientos, autónomos y respetables, siempre que conserven la armonía social. El tema es que ésta viene escaseando en los alrededores del mundo, por lo que hay otro gobierno que se adjudica la potestad de decidir que esa porción de pueblo no se puede ni debe manifestar, ni con una estrella en su simbología de tela de turno, ni en las urnas mismas pidiendo pacíficamente por su independencia.

Hacer el ejercicio de contar de la forma más simple, como si fuera a un niño, una noticia trae como resultado lo irrisorio de la noticia en sí.
Es que las noticias periódicas, las que todos nos enteramos a la vez, deberían tener -o serle adjudicadas- cada vez menos el carácter de trascendentes o espectaculares, como solemos verlo pensando que se trata de otra serie más de Netflix, sino más bien la importancia de la masividad, nada despreciable si se sabe contar con estos recursos de la era de la posverdad y hacer algo a favor en la sintomatología de pesares que atraviesa el mundo circundante y que pide por una reorganización de la que nadie está dispuesto a asumir el costo, por lo que se dificultará soberanamente llevar ese cambio a cabo.

Un cambio no es cosmético. Es de fondo. Es sustancial. Es en la medida que nos permitimos el espacio para llevarlo a cabo. No es sólo una consigna, es una acción consecuente. Y Catalunya parece distinguirse como el horizonte de vanguardismo, implicación, coordinación e imaginación suficiente como para darle la llave de decisión de su propio futuro. La negación nada puede hacer contra la manifestación profesa de una ciudadanía que pretende y una gobernanza que no está para otra cosa que cumplir con el pedido de sus integrantes.


La Diada es eso y empezar a sentir y respirar este terruño de noreste peninsular con alma y vida, es la distinción de que se puede vivir en el rincón de montaña o mar que se desee siempre que se tenga el sustento para afrontarlo. No se trata de dinero, como la mayoría cree en estos tiempos, sino de energía y disponibilidad, de criterio para evaluar las condiciones de posibilidad, y luego decisión para llevar adelante lo que se cree conveniente. De ahí que las noticias generales poco importan e incluso distraen la atención, pero la unión común, incluso en función de una temática espontánea, siempre es buena, porque es donde se articulan las bases de comprensión mutua y colectiva para lo que toque enfrentar. Creo que el problema es que los pueblos están creciendo más rápido que los gobernantes... Y no hay tiempo para más experimentos de mercado, las pruebas de laboratorio están donde está la acción.

martes, 15 de agosto de 2017

Entrenando

Entrenar es alimentar la capacidad productiva.

Al darle forma a la masa de intenciones que tenemos le permitimos al creador que nos habita que juegue y libere algo de lo mucho que lleva dentro. Eso fomenta en nosotros mismos una autoconfianza que se afirma de acuerdo al avance que nos permitimos tener.

Ensayar es darle consistencia a la coraza. Y desarmarla. Y buscarle sus ribetes, sus límites. Es liberar algo de la prueba y el error necesarios para generar arte.

Generarte es revolver y buscar en la masa confusa de sensaciones que eres para que, de ese ensayo al que nos animamos, y sometemos también, salga un elemento disruptivo, particular, siempre singular, que nos permita sistematizar ese estilo personal, que si no ensayamos desconocemos, porque el único campo interviniente en la realidad es la acción, el hacer, el manifestar, el decidirse a enchastrarse lo necesario para que salga el diamante en bruto que todos llevamos.

El ser creativo sale ensayando. No temiéndole a la prueba y el error. Sobre todo al error. El error es grieta, es el espacio por el que asoma la singularidad humana, y dejando que se haga presente es que se permite trabajar y pulir esa originalidad surgida. Buscar un patrón, sistematizar un modo de hacer, encontrar con qué nos sentimos cómodos y fluye, básicamente, lo que queramos ensayar.

Y desde luego, después mostrar. Porque el proceso creador no se completa sin la ¿inevitable? exposición que implica dar a conocer el proceso asimilado y plasmado.

Ensayando es que se conoce la gente.