viernes, 13 de octubre de 2017

40 días sin enredarse

Me zambullo en una que espero me depare algo interesante que contar. Partiendo de la base que me sé hecho para comunicar, me someto a la experiencia de dejar de hacerlo para el afuera por un tiempo. Varios indicios me despertaron la inquietud de qué pasaría si lo hiciera. Y me fijo un plazo, para también sacar el jugo y provecho de este forzamiento al que me entrego. No digo antinatura, porque la tecnología no vino con la naturaleza, pero sí anti estos tiempos, donde todo se comunica por las redes.

Siento que llegué a un punto de hacerlo por demás. Siento que algo cambiará en mí si dejo reposar. Siento que no cambia nada si lo hago o dejo de hacer. Para el afuera. La representación de mi adentro. También es una época particular, cargada de movimiento y activaciones, así que será un destinar el tiempo a eso, a lo que plasma realidad. Mudanza, mutación, transformación entregada a la acción que no quiero se traduzca en contar todo a todos.

Será que uno se vuelve selectivo finalmente.
Cuarentena forzada. Cuarenta días sin redes sociales. Nada relevante. Todo experimentable. El 22 de noviembre vemos qué pasó. Algo cambiará. O nada. El mundo siempre sigue de pié.

sábado, 7 de octubre de 2017

La noche del 10

El martes 10 del 10 es el día. A las horas señaladas. Una guerra liberada o un principio de retirada. En Catalunya se verá qué decide el Parlamento respecto a la independencia, y en Ecuador se define el paso al Mundial de fútbol 2018 de la selección Argentina, o no. Instancias decisivas. Momentos de incertidumbre. ¿Sirve de algo practicar el optimismo idealista o es preferible caer en la cruda realidad del panorama sombrío adulto y adusto que tantos gustan ostentar?

Principio de incertidumbre activado en el inconsciente colectivo, y los días que se suceden a la espera del 10. Tan cerca y lejos como el hijo de vecino con el cual elijamos hablar sobre el tema. “¿Viste qué jodido que está?”. El punto es que en la incertidumbre uno se siente más acompañado. Esa sensación de no saber qué devendrá, pero estar obligado a entregarse y ver qué ocurre. Saberse un punto ardiente en el universo y que hay factores que no dependen de uno, sino que pasan. Y esto pasará.

¿Que Messi jugará en la selección de Catalunya? ¿Que el Kun Agüero mete el gol del campeonato mundial en Rusia el año que viene? ¿Que el fútbol cae en desgracia por el uso de la tecnología? ¿Que si hubiera puesto a Icardi en lugar del paparulo ese hubieramos metido uno? “Si está todo arreglado. ¿No viste que vino el presidente de la FIFA de visita?”. Sí, un arreglo bárbaro... ¿Que River gana su cuarta Libertadores e Independiente su segunda Sudamericana? ¿Quién sabe...? ¿Que si el Parlamento dicta lo que la voluntad popular clama se vendrá abajo la economía de Catalunya? ¿No ves que los bancos y empresas ya se están retirando a otras regiones? ¿Y vos no ves que Barcelona y alrededores es la economía activa más desarrollada y evolucionada de las ciudades modernas? ¿Que nace un sistema de gobierno ciudadano directo? ¿Que en un futuro los políticos cobrarán por objetivos cumplidos? ¿Quién sabe qué puede pasar?

La incerteza es saludable si se la sabe emplear. Porque saca del lugar de achanchamiento en el que nos depositamos con la convicción de que así nada se moverá del confort logrado y, creemos, conquistado. El confort nos conquista a nosotros. Y uno cae. Como el pequeño burgués que es y que conserva la idea de fábula consumista para estar seguros de una buena vez. El bendito pedido de seguridad y orden, que el político bien sabe utilizar a su favor.

Exijamos a esos jugadores que hagan todo lo que nuestras frustradas vidas no pueden. Que se la jueguen por nosotros y conquisten lo que nosotros como argentinos no sabemos ni por dónde empezar a gestar. Pretendamos, como catalanes conversos que ya podemos sentirnos, que la independencia de esta institución mala, dañina y hasta cancerígena que es el Reino de España, cure todos los males que aquejan a la sociedad moderna. Sigamos queriendo que el afuera sea resuelto por otros, y así sí sentiremos que nuestras vidas son distintas a lo que nos toca. Ah, ¿no? ¿No funciona así?

¿Y el miércoles 11? ¿Alguien piensa en el día después de un acto tan trascendente? O el 12, cuando la espuma opinologística merme. El 12 de octubre, el día llamado de la hispanidad aquí, el de la raza, hasta hace unos años allá, y que ahora espero se respete su denominación de día de la diversidad cultural. Ese día, después del subidón emocional que implica ponerse en juego -como a cada cual le salga- en el plano político o deportivo, deviene esa sensación tan esquizo del bajón anímico, de la necesidad de aceptación de que nada cambia de la noche a la mañana, y de que habrá que esperar un tiempo para encontrar resultados. Porque todos perseguimos resultados, pero pocos distinguen el trabajo necesario para obtenerlo.

No es lo mismo jugar al fútbol entrenando junto a tus compañeros un tiempo -el Mundial- que hacerlo en forma suelta como un favorcito que se le intenta hacer a la Selección entre los trabajos anuales de cada uno: las Eliminatorias.
No es lo mismo buscar la independencia y libertad personal en cada acto que se emprende diariamente, que pedirle a un gobierno que se encargue de administrar la voluntad de una masa que no se acepta como legítima en los estratos de poder español.
Siento que los problemas actuales se deben, en gran medida, a la distorsión que hay por parte de las organizaciones e instituciones al darse más importancia que los individuos a los que representan. Porque toda administración social, sea gubernamental, privada o pública, política o cultural, no debería perderse de vista que se constituye para facilitarle la vida, o representar, a las personas que la componen. Y no al revés. Que es lo que ocurre cuando se le da más poder del que le corresponde a una Asociación de fútbol argentino, o a un partido o líder político que accede al gobierno por la voluntad popular legitimada, en el mejor de los casos.

El poder debe reestablecerse a la gente. Empoderar al ciudadano. Y eso ocurre al ver las calles de Barcelona asediadas de gente pacífica en reclamo de lo que creen les pertenece. Los golpes de cacerolas evocan aquel 2001 donde se retomó el sistema de estruendo culinario en mi país porque al sistema bancario se le ocurrió no darle plena confianza al usuario que le da entidad.
Las cacerolas se oyen cada 10 de la noche aquí en Barcelona, desde hace varios días, en reclamo por el reestablecimiento de los derechos civiles, sociales e incluso humanos, de los ciudadanos a manifestarse en paz y a pedir que una ley que no contiene a dos millones de catalanes sea modificada. No parece razón suficiente para liberar una guerra civil. ¿O sí?

Cuarenta millones de desaforados que se creen directores técnicos abogan por la conquista de las alturas ecuatorianas que aseguren que, mínimamente, se jugará un partido repechaje con Nueva Zelanda para entrar al Mundial que ya es nuestro, aunque aún no estemos en él. Porque tenemos al mejor del mundo, papá, me resuena con la voz del taxista ocasional que te puedas cruzar en cualquier esquina porteña. Lo que pasa que los otros 10 son unos perros... Sí, todos son malos y uno es el único que se sabe la posta, la precisa. Tan argento.

El 10, a las 10, del día, o la noche, todo será distinto. Algo habrá pasado. Como siempre. Y algo nuevo quedará por pasar. Que no nos coma la ansiedad. La victoria es un plato que se come lento. Y frío. Es un buffet froit. Un vermut. Mamut. La pelota siempre al 10. Good show. El futuro llegó hace rato. Y otros cuentos que nos llegan por boca de jarro. La noche del 10 vemos.

miércoles, 20 de septiembre de 2017

Lo mira por te ve

En México tiemblan. Se derrumban. Los Estados, supuestamente unidos, se inundan y devastan sus lujosidades de casas en Palm beach. Son of the bitch, no mames.
En Sudamérica caen presidentes como lluvias, y los que no, penden de un hilo delgado que posibilita el uso maniqueo de sus funciones. Europa se debate entre dejar expresar a sus integrantes o presionar para que no bajen los pies del plato. Aparecen nazis portadores de insignias que llevan implícito el cartelito de “pegue aquí”, y en las islitas del Oriente asiático luchan por ver quién la tiene más grande, y parece que un coreanito tiene el poder de que todos nos desintegremos. Pero el pato Donald no quiere quedar fuera de la foto y también saca su porongo para ser medido.
La idea de los Estados unidos queda dispersa por ahí, y nos sumamos todos a una vorágine cuyo límite es la capacidad de informarse de cada cual y de sentir pánico por la instancia atosigante que se enfrenta.

En las localías, que a cada cual le conciernen, me informo a la par sobre independentistas, macristas, franquistas, cristinistas, hablando casi como cagan sobre su perspectiva de mundo, y mientras, nada cambia. Las manifestaciones de deseo deberían estar prohibidas hasta tanto se pueda o sepa cómo hacer para canalizarla en logro. Yo quiero. Yo pretendo. Yo exijo. ¿Y con eso qué hacemos?
Todos se suman a la congoja virtual de proclamar fuerza en unos pocos caracteres, o exigir la aparición con vida, o pretender la resolución de la pobreza mundial con un mensaje en cadena, y así todo sigue su curso por la vertiente natural, que encamina sus fuerzas hacia la eclosión.
Fuego, agua, vientos, tempestades, tierra en movimiento, y personitas, seres, humanos, que se mueven con ligereza por el escenario montado para la ocasión. Pero no. El libredesplazamiento también está bajo el control de las fronteras y Estados, y cualquiera sea el motivo por el que tuviste que migrar, también vamos a exigirte que cumplas con ciertos requisitos, para así tener una nación más...
Y así seguimos viviendo. Mejor me compro un pasajecito para despejarme y recargar fuerzas. Otro se mete en un crédito con la esperanza de que así saldrá adelante. Y un terrateniente pide que se respete la propiedad privada del que tiene y no quiere repartir. No mames guey, mirá si va a entregar su porción lograda por más movimiento sísmico que pueda haber. Cuando la mitad de estos cositos que se mueven y piensan quede despejada del plano, ¿sabés cuánto más puede valer esa tierra? ¿O no habrá valor monetario que valga? ¡Criptomonedas para todos!

Juega Messi hoy. Y después el Rojo. Todo va a estar bien.
¿Viste el video en que se cae el edificio entero? Tanto en Siria como en el DF, las estructuras están más agujereadas que un queso. Acá cremoso no venden. Salvo en la tienda latina. Pero no es igual. Me quedo con el magro. Y el untable. Cambiá que no quiero ver tantas malas noticias en el desayuno. Prefiero ir a la plaza. Despejarme.
Suben las aguas, y mejor correte de la orilla. Correte no. Acá es otra cosa. Bueno, movete, y correte ya que estás, que es el único poder personal que no nos sacaron aún, a no ser que la Iglesia meta sus trompas y el descalabro mental aumenta, y por ahí se empiezan a justificar acciones que no tienen ni pies ni cabeza. Porque el sentido orientador del planeta ya está cambiando. Y todo esto es el Cambalache que nos anticiparon, sólo que cada uno lo vive a su tiempo, y esto será nada cuando se mire en tiempo delante, y lo que fue apenas es el comienzo de algo que no frena pero que de seguro llegará a su fin. Porque así se justifican los medios. Que están para defender intereses. Y así pierden interés. 6 cuotas sin interés. La llevo. Así seguro voy a ser más feliz. Nada puede salir mal. 32 pulgadas alcanza. HD, full full.

jueves, 14 de septiembre de 2017

¿Qué quiere la gente?

"La gente quiere" es una enunciación que me atrae pensar. Porque cuando hacemos referencia a la gente en una oración solemos estar diciendo, en forma solapada o no, lo que nosotros, como individuos, somos o queremos ser.
Me explico mejor: el espejo que nos devuelve el afuera es lo que atravesamos por dentro. Es decir, si creemos que la gente es de tal o cual modo es porque ese tal o cual nos refleja, nos hace ver una parte de nuestro ser que otra persona o accionar no nos venía mostrando. El mundo te muestra. No es de forma rígida y absoluta. La interpretación que uno hace de él es el “la gente” que usamos en el diálogo.
Por eso, saber cómo es la gente para cada uno es un modo de conocer a alguien sin que necesariamente se haya abierto en su intimidad.

La gente es muy amplio. La gente quiere saber en forma más detallada la idea. La gente es muy determinante. La gente quiere un gobierno sincero, no corrupto, cuasi ascético, pero que defienda los intereses de la gente, eso sí. Y la gente vota la mentira, el ocultamiento, el interés personal. La gente no se da cuenta... ¿Cómo es la gente para vos? ¿De qué hablás diariamente cuando te referís a la gente? ¿Tu gente? ¿El afuera amenazante? ¿El afuera amigable?

Es que la gente no sabe si no le explican. Y la era de la posverdad llega para que la gente pueda ser conceptualizada en resultados. Pero la gente se deja manipular. La gente, el vecino, el que se levanta todas las mañanas para ir a trabajar, la gente como uno, ¿viste?
La gente, la que se pone de pie y lucha por llenar la olla cada día, la que emprende y se equivoca, pero también la que no hace nada y tan sólo reclama, la gente que vota. O que importa sólo cuando vota. La gente, esa que determina con su voto, y es determinada a través de su mirada de la realdiad a través de los medios. Esos medios que le facilitan a la gente la comunicación, como por esta vía, que estamos tejiendo vínculo con la gente.

A no ser que sea acallada esa gente. Y entremos en la burbuja de creación personal, sin que importe tanto la gente ni las miradas externas, donde no hay opción de queja sino de construcción próspera. Ahí la gente no tiene ni voz ni voto. Empiezan a funcionar los agentes internos.

lunes, 11 de septiembre de 2017

Los pueblos crecen más rápido que los gobernantes

La Diada. ¿Qué es eso? El festejo nacional del pueblo en el que habitamos.
El día del Maestro, para mi, hasta el 2001, en que las torres y sus aviones arrazaron en el recuerdo. Y desde hace dos años bautizado nuevamente el Onze de Setembre como la Diada.
Me tomo la licencia de creer entender el pedido de un día como hoy. Se clama por ser independientes, de decisión y criterio, se boga por la lucha que implicó e implica la liberación de un pueblo frecuentemente en estado de opresión, que reivindica la pluralidad de desenvolvimientos, autónomos y respetables, siempre que conserven la armonía social. El tema es que ésta viene escaseando en los alrededores del mundo, por lo que hay otro gobierno que se adjudica la potestad de decidir que esa porción de pueblo no se puede ni debe manifestar, ni con una estrella en su simbología de tela de turno, ni en las urnas mismas pidiendo pacíficamente por su independencia.

Hacer el ejercicio de contar de la forma más simple, como si fuera a un niño, una noticia trae como resultado lo irrisorio de la noticia en sí.
Es que las noticias periódicas, las que todos nos enteramos a la vez, deberían tener -o serle adjudicadas- cada vez menos el carácter de trascendentes o espectaculares, como solemos verlo pensando que se trata de otra serie más de Netflix, sino más bien la importancia de la masividad, nada despreciable si se sabe contar con estos recursos de la era de la posverdad y hacer algo a favor en la sintomatología de pesares que atraviesa el mundo circundante y que pide por una reorganización de la que nadie está dispuesto a asumir el costo, por lo que se dificultará soberanamente llevar ese cambio a cabo.

Un cambio no es cosmético. Es de fondo. Es sustancial. Es en la medida que nos permitimos el espacio para llevarlo a cabo. No es sólo una consigna, es una acción consecuente. Y Catalunya parece distinguirse como el horizonte de vanguardismo, implicación, coordinación e imaginación suficiente como para darle la llave de decisión de su propio futuro. La negación nada puede hacer contra la manifestación profesa de una ciudadanía que pretende y una gobernanza que no está para otra cosa que cumplir con el pedido de sus integrantes.


La Diada es eso y empezar a sentir y respirar este terruño de noreste peninsular con alma y vida, es la distinción de que se puede vivir en el rincón de montaña o mar que se desee siempre que se tenga el sustento para afrontarlo. No se trata de dinero, como la mayoría cree en estos tiempos, sino de energía y disponibilidad, de criterio para evaluar las condiciones de posibilidad, y luego decisión para llevar adelante lo que se cree conveniente. De ahí que las noticias generales poco importan e incluso distraen la atención, pero la unión común, incluso en función de una temática espontánea, siempre es buena, porque es donde se articulan las bases de comprensión mutua y colectiva para lo que toque enfrentar. Creo que el problema es que los pueblos están creciendo más rápido que los gobernantes... Y no hay tiempo para más experimentos de mercado, las pruebas de laboratorio están donde está la acción.

martes, 15 de agosto de 2017

Entrenando

Entrenar es alimentar la capacidad productiva.

Al darle forma a la masa de intenciones que tenemos le permitimos al creador que nos habita que juegue y libere algo de lo mucho que lleva dentro. Eso fomenta en nosotros mismos una autoconfianza que se afirma de acuerdo al avance que nos permitimos tener.

Ensayar es darle consistencia a la coraza. Y desarmarla. Y buscarle sus ribetes, sus límites. Es liberar algo de la prueba y el error necesarios para generar arte.

Generarte es revolver y buscar en la masa confusa de sensaciones que eres para que, de ese ensayo al que nos animamos, y sometemos también, salga un elemento disruptivo, particular, siempre singular, que nos permita sistematizar ese estilo personal, que si no ensayamos desconocemos, porque el único campo interviniente en la realidad es la acción, el hacer, el manifestar, el decidirse a enchastrarse lo necesario para que salga el diamante en bruto que todos llevamos.

El ser creativo sale ensayando. No temiéndole a la prueba y el error. Sobre todo al error. El error es grieta, es el espacio por el que asoma la singularidad humana, y dejando que se haga presente es que se permite trabajar y pulir esa originalidad surgida. Buscar un patrón, sistematizar un modo de hacer, encontrar con qué nos sentimos cómodos y fluye, básicamente, lo que queramos ensayar.

Y desde luego, después mostrar. Porque el proceso creador no se completa sin la ¿inevitable? exposición que implica dar a conocer el proceso asimilado y plasmado.

Ensayando es que se conoce la gente.

lunes, 31 de julio de 2017

En la vida como en el arte

Intuye el que deja fluir.
Ilumina el que en acción hace lo que desea.
Se permite el que en otra instancia no piensa.
Y el fruto es el amor conjunto
que se pudo construir.
Así en la vida como en el arte...

miércoles, 24 de mayo de 2017

Las despedidas


Las despedidas son una puta mierda. Entristecen, hacen creer que no hay nada que hacer con el devenir mismo de la realidad que atormenta y por momentos se acuerda de mostrarnos que toda célula que nació envejece, se pudre, se viene a menos, se desgasta, a la larga o a la corta. Se va.

Sí, el punto es qué hacemos con eso. Pero la despedida no deja ver una luz en el pozo oscuro de no poder tener aquello que queríamos.

Pueden despedirte de un trabajo, podés despedir a un familiar. Podés salir despedido hacia una escena. Esa es una perspectiva muy positiva. Y la gente no quiere ver personas sonriendo, prefieren sangre. Porque somos animales, fajinados en personalidades, pero animales al fin, y el olor a sangre llama.

Despedir algo con ganas. Suculenta intención de sacarse algo de encima. Mas es inevitable el dolor. Las despedidas tienen ese desgarro que cada cual localizará en la zona que lo afecte, y te dejan pedaleando, si no pataleando, contra la malicia de quién sabe qué juicio, ajeno siempre a uno, que no te permite alcanzar lo que tan merecedor te crees ser.

Despedís olor. Despedís amigos. Despedís personas.

Después no digas que sabés afrontar la pérdida si no te instruís en soportar la despedida con altura. Y quién sabe si irá a parar a un casillero de sapiencia o de inconsciencia, las partidas, las idas en fuga me inspiran toda la irritación y la necesidad activa se sulfata en intenciones, y sólo hay que dejar ir.


Ya volverá. Todo vuelve.

sábado, 8 de abril de 2017

Tres boludeces

El mundo, la conflictividad, el país, la naturaleza misma, todo está cayendo en un acelerado ritmo de extremismo polar negativista, y puedo observarlo y no por eso no sentirme parte. En ese devenir nos encontramos todos inmersos de algún modo en estos días donde pareciera ser que el intento por congeniar caducó ante la fuerza bruta del poder que arrasa. El del amor es el único que queda. Lo entiendas o no. El poder fundado en el miedo genera una bola mayor, que crece con la ira y el odio que se produce en el semejante que sufre. No se puede tapar el Sol con la mano ni un bosque con un árbol. A crear actos concretos de amor que, si no se acaba, se acelera el mundo. Está en tus manos.

De qué carajo te querés cuidar. Si igual te vas a ir. Disfrutá. No hay otra. No vinimos a otra cosa. Y las formas de disfrutar son tantas como personas en el mundo. El punto es cuánto te vas a mortificar y cuánto vas a dedicarte a colonizar tu poder de hacer lo que te gusta.


Tu mundo es mi mundo porque sintetizo con mi mirada.

martes, 4 de abril de 2017

Grieta exacerbada

Sociedad customizada. Saciedad pasteurizada. Suciedad atomizada. Docilidad categorizada. Ductilidad cosificada. Doctrina valentonada. Sofismo adulterado. Decomisada tempestad. Edad de costumbre. Costumbrizada saciedad. Sociedad customizada. Te decía.

De una hendidura se deshace un hecho. De la grieta se desprende lo faltante, el espacio a lo que no se conforma y busca más conquista y explayarse. Expandir los límites de lo posible para centrar la atención en la resultante. La piedra angular que escarmiente y se adapte a la singularidad de estación. Estando se hace. Sin presencia se marchita.

Piedad. Dolor en la desdicha de saberse fomentado a hacer para crecer. Y creer. Porque cree el que ve, y desde allí formamos la opinión. El que ve se permite dudar. Y preguntar. Si acaso alguno supo contemplar, que hay verdades que a medio cuerpo se estiran. Y otras que toman cuerpo con el correr de la situación. Cuando ya estás desnudo y allí sucede lo mejor. Como en un sueño, despiertas, y ves lo que no habituabas a notar, a distinguir. Empieza a aparecer a tus ojos aquella figura o imagen que te realizas para vislumbrarte que tal o cual cosa debes hacerla distinta. De cambiar se trata. De fomentarse a dar más también. ¿Das?

jueves, 30 de marzo de 2017

Mi tía categorizada

Hasta ayer supe tener una tía, la mayor de las tres María por parte materna, María Julia Feinmann, que desde niña fue categorizada como esquizofrénica. Y cumplió su rol en este asunto familiar hasta ayer. Justo el día en que mi mamá vuelve de pasar 15 días junto a su hijo, nieto y nuera.

Mi tía era un ser especial. Por momentos desarrollaba la mejor comunicación y por otros un cortocircuito atroz que volvía incomprensible, más no por eso menos interesante, la conversación.

Los vaivenes emocionales de un ser con ese diagnóstico son algo que jamás olvidaré. Mi tía Julia vivió los últimos años apagada en un geriátrico. Pero antes supo convivir con mi abuela y más antes con su marido Edgardo. Yo la conocí por esa época. Era una abogada con una vida normal, como dicen muchos, pero en ese cerebro se sucedía una procesión que le impidió seguir con su "vida normal" y la llevó a los infiernos de la medicación. Se sostuvo en pié como pudo. Y ayer, 30 de marzo de 2017 eligió irse.

Creo que las categorías son sellos que dejan impregnado un juicio, y eso atenta contra cualquier persona. Creo que cada cual tiene derecho a decidir sobre su vida, y que nadie tenga injerencia en sus decisiones. Creo que tengo un dejo de desazón por esta partida cuando para mi vuelve a partir mi mamá. Con destino Buenos Aires, en su caso, pero me deja un sinsabor amargo, algo que no me deja más que despedir a la distancia. Pero aún así me sé cerca. Mi tía categorizada se fue el mismo día que mi madre se va del continente en el que estoy, para estar pero en otro, que no permite tocar a la gente en carne y hueso. Algo de ese estilo pasa hoy. Ahora. Y elijo contar. Para desahogar. Y no aguantar. Porque el que aguanta no mama, ni gana, y el que no llora es el gil.

lunes, 27 de marzo de 2017

D3venir persona

Tengo que escribir pero no tengo ganas. Nadie me preguntó.

¿Vos cómo paleas el dolor? ¿Qué antídoto mágico usas para reparar la angustia, el dolor existencial?
La mirada observadora del padre. Y de la madre. El panóptico en la torre, y el pico que da verse aplicado, implicado, en el proceso de ser. Lo que es. La observación. Ocular.
No merece ni puede ser recordado en forma triste. Es un desperdicio.

Cada ser pareciera ir encomendado a hacerte morir en su abismo. Sortea el obstáculo y seguí. Hasta ahí vio él, vos ves más si lo vislumbras.
Tu abismo es mi trampolín. Eso es querer. Porque todo vuelve.
A todos nos duele, y sólo algunos padecen.

¿Miró? ¿Vio? Gaudí. Disfrute. Dalí. Desquicio.

jueves, 23 de marzo de 2017

Hago Arte

Hago Arte porque el proceso creativo ayuda a sanar heridas, conscientes e inconscientes.
Hago Arte porque mi deseo irrefrenable de comunicar(me) si no lo canalizo por la vía artística se me convierte en bronca interior, y tengo más que demostrado que guardado conduce a enfermarse eso.
Hago Arte porque es la vía que siento menos contaminada hoy en día, para poder expresar la voluntad de evolución, social y personal, sin que importe -en alguna medida- más que lo que sale de tus tripas.
Hago Arte porque es lo que quiero transmitirle a mi descendencia, que la vida es linda, que hay que pelear por lo que sentís que te ayuda, sirve, es útil y encima si te animas a transmitirlo no sabes por dónde puede volver esa expresión consumada. El Arte te sorprende cada día.
Hago Arte porque es la única forma que conozco de Ser como soy, sin que interfiera la desazón social, que podrá ser necesaria pero que siento que es fácil de manipular con los medios convencionales taladrando siempre con un mensaje fragmentador.
Hago Arte porque el entusiasmo no se negocia.
Hago Arte, y mañana es otro de esos días que el proceso se comparte al público.
Si algo te resuena, venite que la vamos a pasar joya.
Nos vemos.

viernes, 10 de marzo de 2017

Como vos quieras

Poroto, garbanzo, personita salida de esta mezcla extraña, rara, que alimentan y generan mamá y papá, y vos vas creciendo, rápida e impiadosamente, sin limitante que se te venga a poner en el paso, y ya van 19 meses fuera de la panza de tu madre, y no puedo creer lo increíble que es la vida, que avanza, incesante, inclaudicable, va y… ¡correlo que se va a la calle!

Fijate si lo mirás vos un rato, que yo quiero descansar. Voy a ver si lo entretengo con otra cosa. Bueno, bueno, ya es hora de ir a casa.

Gonzalo es un ser bravo, empecinado, decidido. ¿Es o yo defino lo que es? La eterna paradoja ante la que se ve reflejado un padre, quién sabe quién define a quién, si el niño hace para que nosotros nos reflejemos, o si uno transmite el modo. El punto es que se construye un vínculo, un lazo que supera toda instancia. Y ahí me detengo. Ahora la mano para cruzar.

¿No quieren ir a dar una vuelta? Vamos a la plaza y venimos. Vos preparate algo rico. ¿Y quién se queda con Gonzalo? No te vayas lejos que después hay que volver. A guardar, a guardar…

Siendo padre uno se ve reflejado. Nada quiere el nene que no haya visto antes hacer. Al año y medio ya empieza el aprendizaje mirando al otro cómo lo hace. Ayer Gonzalo se subió a una patineta por primera vez. Voy a buscar una de su tamaño.

Diecinueve meses. Los números no dicen mucho, pero es cuando uno se acuerda de lo que le está pasando. O se detiene a reparar. Ser padre es un amor inigualable. Es un bicho mamífero de la familia de los Galin Jofré que avanza con convicción hacia el horizonte que se le presente.

Celebro que estés sano y fuerte hijo, que todo sea como vos quieras.

domingo, 19 de febrero de 2017

Queremos acoger


Una ola de receptividad. El pueblo catalán da una muestra contundente de integración, con la propuesta #VolemAcollir -queremos acoger- que no pide sino que devuelve el poder a la gente, que quiere recibir a los refugiados que son rechazados en otros puntos geográficos.
Llevamos un año con mi mujer e hijo viviendo en Barcelona, y puedo dar fe de que jamás vi una variedad tan grande de comunidades, personas, multiculturalidad expresada en cada barrio, cada comercio, cada muestra de arte. Todo lugar que pisas o recorres en Barcelona se convierte en aceptación de la diversidad, y eso sólo puede darse a través de la receptividad inclusiva, de la conciencia de que somos todos uno, y que lo que das es lo que vuelve.
En Barcelona hay etnias, pero dejan de importar en gran punto por el sobrebombardeo de heterogeneidad de cosas que uno se encuentra. La extranjería que cada cual maneja consigo mismo y el mundo exterior que asecha se desvanece en el imaginario de que convivimos todos en un vagón de metro yendo en una misma dirección. Todo disgusto que nos provoca el otro es tan sólo un prejuicio. Lo plural, incluso lo que no me gusta por categoricismos heredados, está para reflejarme el mundo. A qué le doy prioridad dialéctica o expresiva es otro cantar. O el cantar del pueblo andaluz… ¿A qué voy? A que uno elige como individuo cultural que es en qué se mete, qué le interesa, a qué le dedica sus horas.
Acá, en esta porción de terruño de Cataluña, se plasma la idea de la torre de Babel, la plenitud del conocimiento y la belleza, en esa Casa Batlló ornamentada por Gaudí, la diversión del arte expresada en monumento de construcción.

Y caminar por el gótico, y descubrir con el tiempo que cada barrio tiene una identidad única. Un derecho de aprobación natural.
¿En qué cabeza cabe seguir creyendo que los muros serán la solución a un conflicto que debe entenderse más allá de las fronteras mentales de un líder iluminado. El poder está en la gente- En uno, que decide a qué dedicar su tiempo, su atención.
Queremos acoger. Y ser acogidos.

jueves, 5 de enero de 2017

El habitante

Sos el ser que me habita sin buscarlo. Sos la constatación de que el inconsciente opera sobre nuestras realidades aunque no sepamos de él, la persona que se hace presente en actos para cerciorarme que todo lo que me fue amorosamente inculcado tiene sus efectos, tardíos o no, y que no se trata de pretender que vivas en otra realidad paralela, o el Cielo para la acepción religiosa, sino de comprender que los seres queridos dan pinceladas sobre nuestra personalidad con pintura indeleble. Y es tiempo de asumir que sos un habitante en mí.

Un guía que en su modo de ser humanamente persona me transmitió una forma de desenvolvimiento que va mucho más allá de las típicas enseñanzas verbales que todo padre intenta impartir a su hijo. Vos fuiste un grado más lejos de aquellas definiciones de aprendizaje oral, vos tuviste la valentía de ser parte, de ser un amigo con autoridad, un compinche con errores, un padre vivo. Y eso no se borra por tu desaparición física, porque seguís vivo, y siento que es lo que más duele de tu partida terrenal. Porque no construiste un vínculo impuesto o sugerido, sino que fuiste viendo cómo se hacía esto de ser padre, y supiste acompañar, estar, escuchar, sugerir, recomendar, pero nunca jamás imponer o bajar tu verdad revelada y que acatáramos la orden, porque supiste, por los avatares que la vida te hizo atravesar, que un hijo llega para abrirle los ojos a los padres, y no viceversa.

Sos el habitante innegable de mi humanidad, el que al proceder de tal o cual manera sabe que así lo hacías vos, o en mi adolescencia intentaba desmarcarse vanamente para forjar su propio modo de ser, que sí, es distinto en muchos aspectos, pero conserva esa pisca esencial y básica que es hacer las cosas con amor. Siempre está la posibilidad del equívoco, pero bajo el parámetro de lo humanamente posible. Porque pareciera en estos tiempos que hay que explicar nuevamente qué es ser humano, con todas las letras y entereza que proceder de ese modo brinda.

Tiempos confusos, pa, donde tu legado es haber dejado todo en la cancha. Sos el que me habita también al bajar la guardia un rato, y querer tirarme a dormir nomás, y te recuerdo levantándote de esas largas siestas de fin de semana haciéndote el sonámbulo con los brazos para adelante, queriendo sacar una sonrisa, aún en la adversidad.

Sos el habitante que llevo en mí también, al analizar variantes de posibilidad y quedar encerrado en esa burbuja de negatividad que viene acompañada del que usa la mente en exceso y te vuelve como un bumerang. Aunque por otro lado sos el que me habita al percibir una situación a las claras en declive y que saca fuerzas y ganas de contagiar entusiasmo porque es el único modo de salir adelante. Sos el habitante que me sopla un accionar cauto y respetuoso, quizás por contraposición de partes, porque nadie sabe en qué batalla está enredado el que se acerca a nuestras vidas, y a su vez el que me hace enfrentar, o apenas maldecir, las injusticias notorias en las que la humanidad se encuentra.

Sos el que me hizo aprender el modo en que quiero ser, y sostenerlo, contra viento y marea, si creo que ese es el camino que se me dibuja por delante. Sos el habitante de mis certezas e incertidumbres diarias, que me inculca a no bajar jamás los brazos, y arremeter por aquello que creo me tengo merecido.

Los merecimientos o recompensas de la vida quisieron que te fueras en el momento mismo en que ese eterno aprendizaje de ser padre se apoderó de mi, quizás más tempranamente de lo que hubiera querido para que mi hijo pudiera mamar un poco de ese abuelo siempre disponible, pero quién entiende de justezas si de seguirle el pulso a la vida se trata. De todos modos, mi hijo recibirá esas formas de ser tan vos, sabrá qué es eso de tasmar, hinchar, pelear sin rivalizar, callar y respetar a quien te acompaña, saltar por lo que no hay lugar a que te saquen, hablar sin parar ("si por hablar cobrasen impuestos, yo estaría en bancarrota siempre", decías), luchar por la familia y sus necesidades, ser amigo, ser confidente por más que uno supiera que no había algo que se te pudiera contar que no llegase a oídos de mamá, el otro ser que habita en mí y que ambos moldearon esta masa de sentimientos y sensaciones que soy, y que estos días innegablemente me tuvieron triste, bajón, lleno de angustia inenarrable.

Vivimos en tiempos donde se cree que los algoritmos y los encasillamientos distantes marcan tendencia, y yo ya sé, porque habitás en mí, que esos juegos mentales no son más que la carcasa de la maquinaria mayor que es nuestra humanidad, la cáscara de esa fruta gloriosa que es nuestro ser habitando el planeta tierra. Somos únicos, tu forma de ser me lo delineó y descubro a cada paso que nos vinculamos con tantos seres únicos como estamos dispuestos a conocer.

También sos mis peleas conmigo mismo, mi agarrármela con los seres más queridos, porque sabemos que en un berrinche surge lo peor de uno y alguien tendrá que soportarlo o bancar para que luego sea en reciprocidad. Las miserias no se guardan, se sacan a la luz, y eso demarcará la relevancia de quienes se quedan a nuestro lado, aún habiendo conocido ese aspecto sombrío.

Vivimos rodeados de mentiras, y cada cual elige cuál comprar. Ante esa circunstancia de bombardeo material, tu recuerdo no me deja más que sensaciones placenteras, de intimidad lograda, de logros conquistados aún no sabiendo que estaban materializados en la sonrisa que me despertabas ante un panorama que podía ver ocasionalmente oscuro, o en advertencias salidas del temor ante otra situación que podía apoderarse de mi positividad galopante, y hacerme ver los resguardos del caso a tomar, por más que después te diera o no bola. Vos estabas. Vos estás, dentro mío, aconsejando u opinando, alentando o previniendo, siendo, como sale ser.

Por eso, ante la era de mitología moderna en la que estamos inmersos, este primer año nuevo sin vos decidí acrecentar ese mito viviente que quiero que seas. Este 7 de enero cumplirías 75 años de haber nacido y desde hoy, en mi familia, a Melchor, Gaspar y Baltazar se suma el cuarto Rey Mago, el Rey David. Dada la cercanía de tu cumpleaños con la aparición de los Reyes que anida en mi conciencia desde que nací, tu pasión inculcada por el único Rey de Copas del mundo que existe, y el reencuentro con la costumbre de los regalos a este niño que completa mis días, el día de Reyes pasará a tener la importancia del caso.

Porque siempre me gustó más el momento de dejar los zapatitos con pasto y agua para los camellos, porque algo me decía que estaba bueno una vez pasada la vorágine de festejos y deseos colectivos de felicidad efímera de fin de año llegar a esa mañana especial en que me preguntaba cómo entraron a tomar agua y comida si siempre vivimos en departamento con rejas de seguridad en el balcón. Y también mi ser niño me recordaba que está bueno recibir regalo habiendo dejado algo de uno a cambio, y que además era por la mañana, ese momento del día en que todo se permite renacer, barajar y dar de vuelta, y también incorporé internamente que ese era el real comienzo del año, porque las aguas celebratorias ya habían bajado, y al día siguiente nos volveríamos a juntar, la familia cercana, para brindar por tu cumpleaños pa, que no aclamaba por protagonismo sino que más bien llegaba como corolario para darle paso al mágico y sorprendente año nuevo que se hacía presente, ahí donde habitábamos, en el departamento de Flores que nunca fue nuestro, pero que le dimos el color y calor que sólo una familia clase media luchadora le sabe poner. Esos recuerdos son los que te digo que ahora distingo que habitan en mi, el olor a las mañanas especiales que eran ese período del 5 al 7 de enero, y que me encargaré de acrecentar en mi núcleo familiar elegido.


Porque sos el que me habita día a día, el que llena de vida trabajada y sostenedora mis momentos de desazón, no una evocación lánguida y el llanto en donde reposan tus restos. Los restos, restos son, y prefiero recordarte sorprendiéndote ante el espejo del baño mientras te afeitabas todas las mañanas con la radio encendida, y tocándote esa mejilla suavecita que no pinchaba al besar, diciéndome con gesto adusto y pensativo: "¡qué suerte que tenés!", a la espera de una mínima reacción que te dé pié al ya conocido remate "de tener un viejo como yo". O mirándote con sorpresa ante el mismo espejo formulando una inquietud abierta de "yo no entiendo…", con su correspondiente continuidad de "cómo es que dios hizo algo tan bello".

Yo tampoco entiendo, pero incorporo, pa, que sos el habitante que reside en mí para siempre.
Vos no te moriste viejo, apenas si pasaste a ser un habitante en mí.